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Mostrando entradas de septiembre, 2016

La huella de Pedro Menéndez de Avilés en su ciudad natal (I)

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Tuvo una veintena de hermanos, pasó de grumete a mandar una flota con la que limpió el Cantábrico de corsarios, logró salvaguardar la integridad del territorio de la Florida de los intentos de asentamiento hugonotes, fue capitán general de la Flota de Indias, combatió en San Quintín, fundó la primera ciudad de EEUU, asaltó por sorpresa La Rochelle para recuperar -con éxito- media docena de barcos capturados por los franceses, llegó a gobernador de la Florida y Cuba, ingresó en la prestigiosa Orden de Santiago y,  español de su tiempo, también tuvo algunos puntos oscuros en su biografía, tales como haber pasado un par de años en la cárcel y mandado asesinar a los colonos galos a los que previamente había derrotado en América. Y como tantos compatriotas de entonces, no tenía nada cuando falleció.
El asturiano Pedro Menéndez de Avilés era hidalgo pero no muy acomodado. Su fecha de nacimiento se sitúa entre 1519 y 1523, sin concretar, porque no se conserva la partida de bautismo y existe…

Toni Kuakman y sus inauditos viajes: Kuakman cruza el charco (y IV)

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Cuarta y última entrega del extravagante viaje que realizó Toni Kukman, ese inefable trotamundos con capacidad para estar siempre en el ojo del huracán, a la ciudad estadounidense de Middletown.  Recordemos que en los anteriores posts, tras varias estancias fallidas con distintos anfitriones, fue hospedado por una limpiadora hispana.
Seguramente quienes hayan leído las tres entregas anteriores del relato de mi estancia en EEUU pensarán que difícilmente se puede pasar peor y que se trató de una desgracia continua. Pero no hay que ver el vaso medio vacío. A lo largo de aquellas semanas no faltaron oportunidades para escapar de la situación, tal cual hacía el personaje de Jeff Daniels en La Rosa Púrpura de El Cairo al salir de la pantalla en busca del mundo real (y yo necesitaba de verdad conocer el mundo real de EEUU, pues hasta entonces había estado más bien en Inland Empire).

Así, recuerdo dos excursiones en las que, por increible que parezca, todo fue bien. En la primera, quizá porq…

Toni Kuakman y sus inauditos viajes: Kuakman cruza el charco (III)

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Tercera entrega de las inauditas aventuras de Toni Kuakman, ese viajero impeninente e inclasificable con un don especial para meterse en todos los líos, sean posibles o imposibles. Esta vez nos cuenta cuando, en su juventud cruzó el Atlántico para pasar una temporada en la ciudad estadounidense de Middletown, donde debía ser alojado por una familia local. Pero las cosas no salieron como él esperaba.
Tras dos intentos de acogida tan disparatados como fallidos y después de que el cerdo de Gürtels, el profesor de contacto, llamara a varias puertas para colocarme como si él fuera un vendedor de Avon y yo su pringosa mercancía, pero sin conseguir convencer a nadie, sospecho que deliberadamente, mi futuro en EEUU se volvía improbable por momentos. Creo que ni el Hombre Elefante hubiera sentido tal rechazo, pero cuando ya me temía que iba a acabar en un circo como él, Gürtels me encontró por fin un techo. Eso sí, igual de patético: los padres josefinos, al fin y al cabo los organizadores de…

Toni Kuakman y sus inauditos viajes: Kuakman cruza el charco (II)

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Segunda parte de la última aventura cuyo relato inicié en el post anterior y que me ha facilitado el ínclito Toni Kuakman. En realidad no es la última sino la primera: su viaje primigenio, cuando era un atribulado adolescente, a la ciudad de Middletown, en Estados Unidos, para aprender el idioma En el capítulo anterior le dejamos en manos de una estrambótica anfitriona, solicitando deseperadamente que le cambiaran de casa ante sus extravagancias.
Tras enterarnos Alberto y yo de que la chiflada de la señora Bunders tenía la surrealista intención de que nos pasáramos la mañana encerrados en el piso superior de su casa para evitar que el perro subiera, decidimos huir de allí lo más pronto posible. Pero aunque el cabrón de Gürtels prometió buscarnos otra casa, no se lo tomó con mucho interés. Sólo a costa de darle la paliza insistentemente y amenazar con medidas desesperadas (como pedir ayuda por la ventana proyectando la sombra de un murciélago, saltar desde la azotea usando las sábanas…