San José
San José de Costa Rica es algo así como la pariente pobre de las capitales de Iberoamérica. O una de ellas. Y no me refiero a pobre en sentido económico precisamente. Su problema es que no se trata de una ciudad demasiado antigua -nació en 1738, sin siquiera una fundación oficial-, ni grande -apenas 334.000 habitantes- y casi no posee patrimonio monumental porque carece de casco histórico en el sentido habitual, añejo, de la palabra. Gajes de esa fundación tardía, pero también de estar situada geográficamente en una zona de gran actividad sísmica y vulcanológica; algo que le quita pero, la verdad, también le da y, de hecho, la mayoría de los visitantes suelen tener más interés en subir a lo alto del vecino volcán Poás (a 45 kilómetros) o del Irazú (a 54), ambos protegidos como parques nacionales, para contemplar las lagunas verdes que acogen sus respectivos cráteres, antes que pasear por las calles o ver edificios que carecen de ese pedigrí que imprimen los siglos. Juan V...