Conducir en Perú
Acabo de regresar de Perú. Vivo. Intacto. Íntegro, a pesar de haber probado la experiencia de conducir un automóvil por el país. Una experiencia única y definitiva que, para afrontarla, requiere de ciertas condiciones que convierten al conductor en una especie de híbrido de personajes de las películas de Schwarzenegger, Stallone, Willis, Seagal y Norris; a saber, fuerza, temple, reflejos, ojos en la nuca, sangre fría, paciencia, osadía, valor, implacabilidad... Con todo esto, sólo falta hacer testamento y lanzarse al vacío, zambullirse en la piscina de plasma que enunciaba Brandlemosca, para manejar el carro, como dicen allí, y esperar sobrevivir. Porque aunque se supone que las normas de tráfico son similares en todo el mundo, cada país parece hacer su peculiar adaptación idiosincrática y la de Perú es sencillamente temible; pensaba que nada podría igualar lo que ví en Egipto pero Perú no se queda atrás ni mucho menos. Los semáforos no están donde debes detenerte sino...