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Mostrando entradas de octubre, 2014

Villalcázar de Sirga y la iglesia templaria de las Cantigas

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Nunca me ha seducido la idea de hacer el Camino de Santiago porque me gusta trepar por montañas, cuanto más empinadas mejor, pero no caminar por cunetas llanas y polvorientas, ora agostado por el sol ora azotado por la lluvia. No obstante, resulta diferente realizar un tramo en coche, en dirección contraria y con un destino que casi es la antítesis de Santiago de Compostela: Burgos. Ambas tienen llamativas catedrales e importante patrimonio monumental, mas, el matiz espiritual de llegar a la ciudad gallega tiene un origen religioso que en la castellana, al menos en el viaje que hice un par de años atrás, nacía de retroceder en el tiempo hacia nuestros ancestros primitivos, visitando el yacimiento de Atapuerca.
Pero eso ya lo traté en un post anterior. Esta vez centro la atención en el trayecto -desde Asturias-, durante el cual fui haciendo una serie de paradas estratégicas en sitios especialmente atractivos: Sahagún, Carrión de los Condes, Villalcázar de Sirga, Frómista y Sasamón; Le…

Kuakman en el sudeste asiático ( y X)

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Hoy terminamos de contar las aventuras del inefable Toni Kuakman por el sudeste asiático. Un viaje que no acaba sin que nuestro protagonista haga lo indecible por complicarlo. Esta vez intentando visitar infructuosamente a las famosas mujeres jirafa.
Sabrán que en el norte de Tailandia hay una tribu originaria de Birmania -cruzó la frontera huyendo de una dictadura militar contraria a la diversidad étnico-cultural- cuya principal característica es que las mujeres alargan artificialmente sus cuellos mediante la paulatina colocación, a lo largo de los años, de una serie de aros. Por eso las llaman mujeres jirafa o, en su lengua original, padaung.
Las teorías sobre su causa son variadas: que si les sirve de protección contra ataque de tigres, que si las afea y evita el adulterio, que si antaño era un símbolo de riqueza... En cualquier caso se trataría de una ostentación a sin marcha atrás, ya que si se quitasen esos adornos se les rompería el cuello, carente ya de fuerza y con las vérte…

Kuakman en el sudeste asiático (IX)

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Kuakman se reúne con sus amigos en Tailandia y, juntos, visitan el país. Ni en su compañía es capaz de evitar meterse en líos. Dejamos Bangkok y nos trasladamos al norte, a la inevitable localidad de Chiang Mai, una ciudad rodeada de montañas y selvas, festoneada por las cúpulas doradas de los templos budistas y tirando a abarrotada de turistas. Para alojarnos elegimos una especie de pensión que tenía una habitación con tres camas y poco más, lo más barato del lugar que conseguimos. Tras recorrer las calles empezamos a buscar un restaurante donde cenar pero no nos poníamos de acuerdo: yo quería seguir disfrutando de la comida nacional pero uno de mis inefables colegas ya echaba de menos la alta cocina occidental, léase hamburguesas y pizzas. Asimismo, queríamos probar los famosos masajes tailandeses que, no sé si saben, pueden ser de dos tipos: los oficiales, que se dan en los templos, y los no oficiales, que pueden acabar de cualquier manera. Y ahora pensarán que fuimos a dar con un…

Kuakman en el sudeste asiático (VIII)

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Toni Kuakman consigue salir de Vietnam in extremis para reunirse en Tailandia con sus amigos, creyendo que todos sus problemas se han solucionado y toca disfrutar de las vacaciones. Pero... Ya en Bangkok llegué al hotel, el mismo donde una semana atrás olvidase mi dinero escondido en un rollo de papel higiénico y donde ahora había quedado con mis amigos. Primer contratiempo: ellos no aparecían y el recepcionista se negaba a darme la llave de la habitación al no estar a mi nombre. Le dije que les llamase pero enarboló una nota que me dejaron explicando que se iban a dar un paseo por los canales. Fino detalle por su parte, pensé; casi me quedo colgado en Hanoi por no poder contactar con ellos y ahora se van sin esperarme, pero al menos me dejan un aviso. ¿Qué podía hacer sino sentarme en el sofá del vestíbulo aguardando furioso su regreso? Allí fue pasando el tiempo y al cabo de un par de horas, cuando ya me estaba transformando en hombre lobo, les veo bajando la escalera tan frescos. …