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Mostrando entradas de marzo, 2015

Los chimpancés del Bosque Budongo (y II)

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Continuación del post anterior. Llegada al Bosque Budongo para contemplar a los chimpancés de Uganda en su hábitat natural. Siguiendo a una guía local, nos adentramos en la densa selva africana con expectación y atentos a todo...

La ruta se hace por una serie de senderos marcados que dividen todo el bosque en una cuadrícula para facilitar la labor de los investigadores y los movimientos de los propios visitantes. Al igual que con los gorilas, hay que hablar en voz baja para no alterar el hábitat y, sobre todo, para no asustar a los chimpancés; no sólo porque entonces no habrá forma de verlos sino también porque alguno puede cabrearse y no es recomendable tenerlos cerca en ese estado. Al menos si tú eres la causa del enfado.
Y no lo digo porque sí. En un momento dado pudimos oir una acalorada discusión simiesca -son tan parecidos al ser humano que llevan a cabo guerras territoriales- y resultó acongojante. Su costumbre en esos casos no es golpearse el pecho en plan chulo como l…

Los chimpancés del Bosque Budongo (I)

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Cuando cuentas que has estado viendo a los gorilas de montaña no suele faltar la clásica pregunta sobre lo que puede llegar a imponer estar a su lado, con un espalda plateada de doscientos kilos dispuesto a hacerte picadillo si no le entras por el ojo derecho y te considera un peligro para el grupo que lidera. Pero lo cierto es que esa hora que se pasa con ellos suele ser de lo más plácida y el macho, aunque no te pierda de vista, rara vez tiene que intervenir si se cumplen las normas de comportamiento establecidas por los guías. 
En cambio, y por sorprendente que parezca, no ocurre lo mismo con los chimpancés. Al menos no exactamente. Aunque estamos acostumbrados a su cara más amable y simpática, la de Chita y los espectáculos mediáticos, los chimpancés en estado salvaje resultan mucho más amenazadores que los gorilas y es imposible acercarse tanto. Uno no se percata de ello en toda su extensión hasta que tiene la oportunidad de verlos en persona, en su entorno natural.

Yo tuve la ocas…

Delfos

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A veces, leyendo ciertos blogs -la mayoría para ser honestos-, uno tiene la sensación de que sus autores  están reviviendo las profecías del oráculo de Delfos, dado que el caos sintáctico que exhiben (del ortográfico ya ni hablamos) hace que lo que podría ser un texto interesante se convierta en algo parecido a las confusas profecías de la Pitia: según cómo se puntúe, cada frase puede tener un sentido u otro.
Supongo que conocen la historia. El viajero llegaba al santuario para consultar sobre su futuro, se purificaba en la fuente de Castalia, hacía un sacrificio y pagaba los servicios de la citada pitonisa, que debía hablar en nombre de Apolo. Entonces ésta hacía su numerito: sentada sobre un trípode, entraba en trance por las emanaciones alucinógenas del subsuelo y formulaba su augurio, recogido por los sacerdotes, quienes se lo pasaban por escrito al cliente de forma más o menos elegante (al principio incluso lo hacían en verso).
El mensaje era lo suficientemente ambiguo como para…

Cahuita

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De todos los parques naturales que he visitado, y llevo ya unos cuantos a cuestas, seguramente uno de los más raros fue el de Cahuita, en Costa Rica. Quizá la cosa no esté sólo en el lugar sino también en mi experiencia particular aquel día, pero el caso es que uno se queda algo descolocado al hacer el recorrido, siguiendo el litoral caribeño por una senda que discurre paralela a la playa, de cuyo arenal únicamente la separa una cortina de cocoteros.

En realidad, esa forma de dividir el terreno en dos con una línea de árboles se hace extensiva a casi toda la costa del país para facilitar la tranquilidad necesaria que necesitan las tortugas marinas al desovar, dado que estos animales acuden anualmente a la costa atlántica costarricense con ese fin; la posibilidad de contemplarlo es algo que confiere a Costa Rica un atractivo turístico especial. Pero en el caso de Cahuita, tras las palmeras están la senda y después la frondosidad inaccesible de la jungla, lo que resulta muy curioso pa…