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Mostrando entradas de abril, 2010

El aire prometido

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El otro día contaba una anécdota de Kenia respecto a cómo los insectos aguardan la llegada de turistas en las habitaciones de los hoteles con más ganas aún que los propios hosteleros. Revisar armarios, camas, ventanas, cortinas y demás rincones es recomendable en ciertos países tropicales para evitar sorpresas. Sin embargo a veces salta la liebre (o el bicho) donde menos se lo espera uno.

El verano pasado llegué a Bocas del Toro, en Panamá, en medio de una intensa lluvia. A pesar de ello era un día caluroso, por lo que al llegar a la habitación del hotel, un establecimiento típico de la zona construido en madera al estilo caribeño, busqué el aire acondicionado para ir enfriando un poco el ambiente, sabedor de que, si no, cuando llegara la noche sería imposible dormir. El aparato resultó un tanto primitivo: presentaba un tosco aspecto setentero con los botones de rosca en un enorme tablero de madera adosado a la pared; no había mando a distancia, por supuesto.

Sudoroso tras la caminata…

Zeta zeta paf

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Cuando se va a determinados lugares del mundo hay que tener cuidado con la fauna local, y no me refiero a los vendedores. Hablo de los animales. Por ejemplo, si uno decide acercarse a Kenia parece lógico saber que se encontrará elefantes, cebras, monos, hipopótamos, gacelas, buitres, rinocerontes, búfalos... Incluso es posible encontrar depredadores, como guepardos, cocodrilos, leopardos o leones. 
Cualquiera que se está planteando viajar hasta allí pero le asalte la duda de si debe soltar un dineral para luego no ver ningún bicho, ya puede preparar el petate porque la respuesta es que sí. África es un poco especial para eso. Aunque las guías de viajes digan que es imposible garantizar que se verán, la realidad es que debería ser al revés: la imposibilidad reside en no ver animales. Y además sin esfuerzo. No tiene nada que ver con nuestros bosques, por ejemplo, donde vislumbrar de lejos una ardilla o una cabra es casi como descubrir una nueva especie.
Pero me estoy desviando. Yo hablaba…

Amigos para siempre

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Uno de los mejores momentos de Aliens es cuando Ripley y sus marines espaciales encuentran a una niña, Newt, que es la única superviviente de toda una comunidad de colonos instalada en el planeta Acheron y exterminada por los aliens. Ella consiguió librarse a costa de permanecer escondida en una pared hueca, alimentańdose de chocolatinas o lo que encontrara y en un estado de shock en el que apenas puede articular palabra. Ripley logra tranquilizarla y ganarse su confianza justo cuando los bichos cabezones atacan en manada a los recién llegados y se los van cargando. Entonces Newt, desesperada, dice una frase para el recuerdo:

-¡Mis padres decían que no existen los monstruos!

En fin, como todos pasamos por esa edad la comprendemos. A mí me ocurrió en los años setenta, cuando apenas levantaba medio metro del suelo y estaba con mi familia de vacaciones en Barcelona. Habíamos subido al Tibidabo, al parque de atracciones, y mis padres propusieron entrar a un túnel del terror pero yo me neg…

El ruido de un trueno

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Como ya hace tiempo que no deleito al personal con una anécdota de Manolo, el delegado de nuestro curso en la Universidad, justo es que lo subsane.
Para entender la historia de hoy es necesario situarse mentalmente en el contexto. Nos hallábamos en Italia, durante un viaje de estudios. Disponíamos de tres días escasos para visitar Roma y, contando que uno entero sería para el Vaticano, era evidente que había que elegir cuidadosamente qué íbamos a visitar y qué tendríamos que dejar para otra ocasión. Eso es lo que hubiera hecho el común de los mortales... pero no Manolo. El abnegado lector de este blog ya sabe de su capacidad y recursos para afrontar las situaciones más difíciles con sus muy particulares y nada convencionales métodos. A lo largo de aquella tríada de jornadas asistimos a una demostración de voluntarismo inusitado, a un espectacular derroche de esfuerzo físico, a un querer es poder, a una abnegada decisión de no claudicar jamás ante las contrariedades ni renunciar a la il…

La fragua de Vulcano

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Supongo que casi todo el mundo habrá visto por la tele las imágenes de ese volcán de nombre impronunciable que entró en erupción la semana pasada en Islandia. Vamos a hacer un esfuerzo: se llama Fimmvörouhals y está debajo de un glaciar que parece bautizado en idioma klingon: Eyjafjallajökull.
El caso es que a raíz de esas espectaculares tomas de la lava brillando en la oscuridad ya hay alguna aerolínea que oferta viajes para verla de cerca. Y eso me recuerda mi visita a Costa Rica de este verano, donde uno de las excursiones más atractivas del país es acercarse al volcán Arenal para ver sus erupciones nocturnas. Obviamente, está activo, y si no que se lo pregunten a los habitantes de la zona que tuvieron que salir corriendo tras la última, que dejó arrasados varios kilómetros cuadrados y mató a 62 personas en 1968.
Así estaba el volcán Arenal la semana anterior a mi visita. Llegué tarde, como siempre.

Lo bueno de este volcán es que sólo vomita por una de sus laderas, la que se ve calci…