Amigos para siempre

Uno de los mejores momentos de Aliens es cuando Ripley y sus marines espaciales encuentran a una niña, Newt, que es la única superviviente de toda una comunidad de colonos instalada en el planeta Acheron y exterminada por los aliens. Ella consiguió librarse a costa de permanecer escondida en una pared hueca, alimentańdose de chocolatinas o lo que encontrara y en un estado de shock en el que apenas puede articular palabra. Ripley logra tranquilizarla y ganarse su confianza justo cuando los bichos cabezones atacan en manada a los recién llegados y se los van cargando. Entonces Newt, desesperada, dice una frase para el recuerdo:

-¡Mis padres decían que no existen los monstruos!

En fin, como todos pasamos por esa edad la comprendemos. A mí me ocurrió en los años setenta, cuando apenas levantaba medio metro del suelo y estaba con mi familia de vacaciones en Barcelona. Habíamos subido al Tibidabo, al parque de atracciones, y mis padres propusieron entrar a un túnel del terror pero yo me negué rotundamente a acompañarles. Sobre el arco de entrada había una horripilante máscara del Diablo, con unos atributos especialmente espeluznantes: cuernos retorcidos y asimétricos, orejas perforadas por gruesos aros, un color rojizo similar al Darth Maul de La amenaza fantasma y, lo peor, la horrible expresión de maldad que le traspasaba a uno. Parecía, en suma, puesto allí para espantar al cliente en lugar de atraerlo. Se podrá razonar que un pasaje del terror tiene que tener cosas terroríficas, pero a ver quién es el guapo que se pone a debatir eso con un niño de seis años.

Así que ni hablar, dije. Yo no entraba. Mis padres, partiéndose de risa, intentaron arrastrarme pero ante el escándalo que empecé a montar a grito pelado tuvieron que tirar la toalla. Aunque desde entonces he estado en Barcelona más veces no he vuelto al Tibidabo, así que no sé si aún existe esa atracción diabólica. Curiosamente, no mucho después cambié de acera y los demonios, aliens, animales feroces y otros monstruos del montón pasaron a ser compañeros míos inseparables. Ray Harryhausen, tan de moda últimamente por el remake que se ha hecho de su Furia de titanes, fue el profeta; Peter Cushing y Christopher Lee me visitaban cada noche, pude presumir de ser un niño que veía Psicosis en vez de los Teletubbies y un tiburón llamado Bruce se sumó al clan.

Los monstruos existen. Newt tenía razón. Por suerte.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La atracción existe, aunque imagino que habrá sido actualizada con los años.

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