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La sevillana Cabeza del Rey Don Pedro (y II)

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Decía en el artículo anterior que el reinado de Pedro I fue muy activo y reformista pero que, al apoyarse en la burguesía, gremios y baja nobleza, castas esencialmente urbanas, se granjeó la animadversión de la alta nobleza, cuya fuerza estaba en el campo, aparte de la de una Francia ofendida por el trato dispensado a su esposa gala, Blanca de Borbón. La consiguiente guerra civil terminó con su asesinato en Montiel en 1369 y el entronamiento de su hermanastro Enrique de Trastámara. El episodio sevillano al que se refiere el título ocurrió, obviamente, ocho años antes de eso... suponiendo que no se trate de una mera leyenda, que es lo más probable.
En efecto, Pedro I tuvo una estrecha relación con Sevilla porque allí pasó con su madre su infancia y juventud. También porque, tal cual pasa con Carlos III con Madrid, el rey castellano estaba considerado el mejor alcalde de la capital andaluza, primero por reconstruirla tras el estado ruinoso en que la dejaron terremotos e inundaciones y …

La sevillana Cabeza del rey Don Pedro (I)

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Nada de fruncir el ceño: sí, el monarca al que se refiere el título es Pedro I el Cruel; y no, éste no era sevillano de nacimiento sino burgalés (aunque en el retrato de al lado se parezca a Michael Caine).  Tampoco es ésta de la imagen la cabeza a que me refiero, aunque ambas sean suyas. A ver, aclaremos este lío: ocurre que una calle de Sevilla tiene ese extraño nombre, como tantas otras de la ciudad, y ésta se debe a una leyenda muy jugosa que paso a contar, aunque no sin antes recomendar visitarla en persona, tanto por ver el anecdótico monumento que recuerda los hechos como por ubicarse en el casco antiguo de la capital andaluza, una maravilla para recorrer a pie.
Y empezamos recordando quién fue Pedro I. Nació en el célebre Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas en 1334, hijo de Alfonso XI de Castilla y María de Portugal. Era el príncipe heredero, pues, aunque no vivió exactamente como tal, ya que lo hizo semiexiliado con su madre en Sevilla. Ello se debió a que su pa…

Cita en Venecia con Bartolomeo Colleoni (y II)

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En el artículo anterior repasamos someramente la dimensión histórica de Bartolomeo Colleoni, uno de los más célebres condottieros italianos, y vimos que había pasado buena parte de su vida al servicio de Venecia. Dado que otra ciudad, Padua, había dedicado una preciosa estatua ecuestre a un colega y mentor suyo, el famoso Gattamelata, inmortalizado en bronce por Donatello, los venecianos también quisieron homenajear a Colleoni, que había legado a la ciudad parte de su patrimonio al fallecer a cambio de que le erigieran una estatua, y se eligió a Verrocchio para ello.
Andrea di Michele di Francesco de Cioni, alias Verrocchio, fue uno de los maestros indiscutibles del arte del Quattrocento. Era florentino, hijo de un fabricante de azulejos reconvertido en recaudador de impuestos, pero él siguió el camino del arte desde muy joven, empezando como aprendiz de orfebre y, más tarde, ingresando en el taller de Fra Filippo Lippi; incluso hay quien dice que estuvo también en el de Donatello, l…

Cita en Venecia con Bartolomeo Colleoni (I)

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Cuando se visita Venecia hay una serie de atractivos turísticos que casi monopolizan el interés de la mayoría de los viajeros y los hace reunirse en masa en la Plaza de San Marcos, haciendo que ese sitio parezca un avispero, masificado como si hubieran abierto una ventana al otro lado de la Tierra y se vislumbrara una avenida de Pekín. Pero es que desde allí -desde San Marcos, quiero decir, no desde China- pueden ver la basílica homónima y el Palacio Ducal; andando un  poco, el Puente de Rialto y, en dirección contraria, previo paso del Gran Canal, la iglesia de Santa María della Salute. Los hay que completan el plan dando un paseo en góndola y contemplan así algunos palacetes, pero no mucho más a pesar de la larga lista de rincones destacados.


Por eso me sorprendió un tanto descubrirme casi solo -ojo, que el concepto de casi aplicable al entorno veneciano no coincide con el habitual- rindiendo mi particular homenaje a don Bartolomeo Colleoni, cuya estatua ecuestre era una de esas co…

Xocolátl

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Yo no soy cafetero sino chocolatero. No desayuno café ni hago una pausa a media mañana para tomarme uno, aunque tampoco soy funcionario y eso ayuda, como tampoco lo consumo más que tras alguna comida/cena social y siempre con leche, pues solo me parece un brebaje asqueroso. Mucho menos me va el, agua teñida, en esencia, de la que únicamente salvaría el de menta que probé en Jordania y Marruecos porque el negro que tomé en Egipto para afrontar una brutal gastroenteritis -y que en realidad es rojo- me supuso una experiencia gástrico-vomitiva tan brutal y desagradable que se me quedó grabada a fuego en el cerebro ad aeternam. Así que a mí lo que me va es el chocolate, como si hubiera nacido en otra época -no tan lejana por cierto-; y si es con churros mejor que mejor. Qué menos, tratándose de la bebida de los dioses, mejorando lo presente y modestia aparte.

Por divino tomaron a Colón algunos indios de la isla de Santo Tomás en diciembre de 1402, de ahí que le ofrecieran una escudilla…

St. Cuthbert's, el cementerio de los ladrones de cadáveres de Edimburgo

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"Debido a este empleo, el cuidado del anfiteatro y del aula recaía de manera particular sobre los hombros de Fettes. Era responsable de la limpieza de los locales y del comportamiento de los otros estudiantes y también constituía parte de su deber proporcionar, recibir y dividir los diferentes cadáveres. Con vistas a esta última ocupación -en aquella época asunto muy delicado-, Mr. K hizo que se alojase primero en el mismo callejón y más adelante en el mismo edificio donde estaban instaladas las salas de disección. Allí, después de una noche de turbulentos placeres, con la mano todavía temblorosa y la vista nublada, tenía que abandonar la cama en la oscuridad en las horas que preceden a los amaneceres invernales para entenderse con los sucios y desesperados traficantes que abastecían las mesas. Tenía que abrir la puerta a aquellos hombres que después han alcanzado tan terrible reputación en todo el país. Tenía que recoger su trágico cargamento, pagarles el sórdido precio conveni…

El Castillo de San Antón, Breogán y la Borna

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Hace ya la tira de años que, en un período de limitación económica eventual postestudiantil, se presentaba un verano anodino, por lo que decidimos aceptar la oferta de una amiga de acogernos en La Coruña durante unos días. De aquellas vacaciones, disfrutadas antes de llegar a la treintena, pocas cosas me quedaron en el recuerdo de una forma tan impactante como la visión de la reconstrucción de una borna que exhibe el Museo Arqueológico e Histórico, ubicado en el Castillo de San Antón.
Vamos por partes. El castillo se construyó en el siglo XVI como uno más de una red de ellos que incluía los de Santa Cruz y San Diego, de los que el último ya no existe porque lamentablemente se demolió en 1963 para ampliar los muelles, mientras que el anterior resiste en la isla de su nombre como sede del Centro de Extensión Universitaria y Divulgación ambiental de Galicia. Así que si uno quería solazarse con sus temas favoritos, ésos que mezclan historia, guerra, arqueología y demás, no tenía más reme…