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Mostrando entradas de octubre, 2009

Bon appétit

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Vamos con unas fotos de las que hacen la boca agua. Son algunas de las delicias que se pueden echar al coleto por esos mundos exóticos. No pongo las europeas, que son muy conocidas.

Eso de ahí arriba es el Almuercito campesino de mi choza. Fue vorazmente devorado en Arenal, al pie del volcán del mismo nombre, en Costa Rica, después de una excursión por la ladera del volcán del mismo nombre. Los ingredientes son los habituales en las comidas de este país: gallo pinto (frijoles con arroz y cebolla), chancho (cerdo), verduras varias, mandioca... Nos la sirvió una camarera risueña (todos los ticos lo parecen), vestida con lo que debía ser el traje tradicional. El toque de gracia vino con el postre: este Banana split de debajo que casi daba pena estropearlo.



Cambiando de continente, nos trasladamos mentalmente a Marruecos. No, no voy a poner el couscous ni el tajin porque son de sobra conocidos. Estas empanadillas llamadasbourak, pueden rellenarse de carne, queso, verduras, etc. Las sirven, …

Supervitaminado y mineralizado

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Uno de los momentos más estupefacientes que recuerdo de vacaciones, muy apropiado para lo que acostumbramos en este blog, ocurrió hace más de treinta y cinco años. Por entonces yo desconocía que existiera esa palabra, estupefaciente, pero puedo presumir de haber experimentado la sensación sin necesidad de gurús ni pequeñas caras amarillas sonrientes.

Fue en España, en concreto Lloret de Mar a principios de los setenta, cuando la costa mediterránea hervía gracias al turismo, los hippies eran omnipresentes por todo Levante y Alfredo Landa protagonizaba películas ridículas. Si hará tiempo de esto que en los bares sonaban Un rayo de sol y el Triqui, triqui de Demís Roussos y se servía leche de pantera... Como yo apenas levantaba medio metro del suelo lo mismo me daba estar en Gerona que en el parque de mi ciudad, lo cual demuestra que llevar niños de viaje a un sitio lejano es una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo para los padres -y de paciencia para los demás-, aunque vale para que dé…

La noche del desove

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Ya había caído la noche y, tal como estaba acordado, nos reunimos con los demás en el embarcadero. Una de las tres parejas que nos acompañaban había intentado la aventura la noche anterior pero sin éxito: después de esperar durante varias horas bajo una tromba de agua -y no llevaban chubasquero- tuvieron que volver al hotel empapados y frustrados. Cosas del clima tropical del Parque Nacional de Tortuguero. Esperaban tener más suerte esta vez.

El paseo en lancha fue breve y en pocos minutos nos juntamos en un prado, envueltos por la oscuridad nocturna, con otros grupos. Se nos asignó un guía, quien explicó cómo funcionaba la cosa: nosotros esperábamos allí mientras los rastreadores recorrían la playa buscando. Si veían algo, avisaban y, silenciosamente debíamos acercarnos por turnos. Nada de luces, ni hablar de cámaras y no levantar demasiado la voz.

Como en este viaje todo salió bien, para variar (Costa Rica, tienes ese honor), no hubo que aguardar demasiado. Y sin lluvia. Un rastreador…