Bon appétit



Vamos con unas fotos de las que hacen la boca agua. Son algunas de las delicias que se pueden echar al coleto por esos mundos exóticos. No pongo las europeas, que son muy conocidas.

Eso de ahí arriba es el Almuercito campesino de mi choza. Fue vorazmente devorado en Arenal, al pie del volcán del mismo nombre, en Costa Rica, después de una excursión por la ladera del volcán del mismo nombre. Los ingredientes son los habituales en las comidas de este país: gallo pinto (frijoles con arroz y cebolla), chancho (cerdo), verduras varias, mandioca... Nos la sirvió una camarera risueña (todos los ticos lo parecen), vestida con lo que debía ser el traje tradicional. El toque de gracia vino con el postre: este Banana split de debajo que casi daba pena estropearlo.



Cambiando de continente, nos trasladamos mentalmente a Marruecos. No, no voy a poner el couscous ni el tajin porque son de sobra conocidos. Estas empanadillas llamadas bourak, pueden rellenarse de carne, queso, verduras, etc. Las sirven, como puede apreciarse, entre hojas de menta; incluso los vendedores ambulantes. No son exclusivas de este país; se encuentran en casi todo el norte de África con ligeras variantes.




En Egipto, por ejemplo, de donde no puedo mostrar fotos porque el infierno de Abu Simbel y Assuán se cargó la tarjeta de la cámara (unos 50 grados). Pero pude salvar estos fakhfakhinas, cócteles de frutas que parecen sacados del cuento de Hansel y Gretel.



Eran una mezcla de varias frutas: naranja, mango, plátano... Pero lo mejor es que podías repetir tantas veces como quisieras (o pudieras). Los tomamos de noche en una zumería callejera, no lejos del lugar donde asesinaron a Annuar El Sadat.

Seguimos en el continente negro pero ahora negro de verdad. Lo más típico de Kenia es el nyama choma, o sea, carne a la parrilla. La hay de todo bicho, aunque la más atractiva para el turista será la menos usual para él: cebra, impala, camello, avestruz, cocodrilo... En la foto puede verse la parrilla del restaurante Carnivore, cuyo nombre habla por sí solo (también se aprecian los mandiles de los cocineros, de camuflaje).


 
En Tanzania es parecido pero, además, tuvimos ocasión de probar el pescado: el más abundante del lago Victoria, la tilapia.



Y, saltando a Asia, aquí tenemos unas delicias locales de Tailandia. Se puede comprar un cucurucho de gusanos o de insectos fritos en los puestos callejeros de Bangkok como quien pide unas castañas. Son muy proteicos, al parecer, pero no es agua precisamente lo que hace la boca al contemplarlos. ¡Bon appétit!




Fotos:
Comidas mundi, por JAF y Marta BL.
Insect foof stall, Commons.wikimedia.org

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