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Mostrando entradas de noviembre, 2009

El tormento y el éxtasis

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En el último post contaba una aventurilla gastronómico-alucinante por tierras de Portugal. Continuemos donde lo habíamos dejado.

Era ya noche cerrada cuando llegamos a Fátima. Aún así, tras instalarnos en el hotel decidimos dar una vuelta antes de irnos a dormir porque, según el recepcionista, el santuario no estaba lejos. Media hora después de ponernos en marcha empezamos a plantearnos qué concepto del tiempo y la distancia tenía aquel tipo: estábamos en una especie de parque en medio de la nada y lo único que habíamos encontrado era un perro solitario empeñado en darnos escolta; nada nuevo por otra parte, pues todos los pueblos del país tienen su can vagabundo, que a menudo suele echarse a dormir ante las puertas de las iglesias. Y esto era lo que nos animaba, que quizá el chucho buscaba también el santuario para echar un sueño. Pero fiándose, como hacía, de nosotros, cabe suponer que acabaría convirtiéndose en un noctámbulo. Incluso tenía algo de fantasmal, pues no ladraba, no juga…

Viaje alucinante al fondo de la sopa

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Como ya hace tiempo que no cuento una batallita de mis tiempos universitarios, vamos con una. Ocurrió en Portugal en el año 1989. El autobús acababa de parar en Leiria para cenar y los estudiantes, medio centenar, nos diseminamos por las calles en busca de algún restaurante. Hache y Sharon que se conocían hacía tiempo, caminaban delante; Gracia y yo íbamos un par de metros por detrás. Acababan de presentarnos y, como decía ella con su fino sarcasmo habitual, parecíamos sus lacayos.

Cenamos en un tugurio misterioso, oscuro y completamente vacío, al que se bajaba por unas escaleras y donde apenas había dos o tres mesas iluminadas por la tenue luz de una lámpara ajada. El menú, inolvidable. De primero, como es típico en Portugal, una sopa; ahora bien, nunca había tomado -ni volví a hacerlo- una sopa como aquélla, de color gris, con la superficie tapada por fungosos vegetales de un extraño color verde oscuro (¿espinacas?, ¿algas?) y una cosa sospechosamente parecida a un pequeño cerebro f…

Babel

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"He aquí que todos forman un solo pueblo y hablan una misma lengua, y éste es sólo el principio de sus empresas. Nada les impedirá llevar a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y confundamos su lenguaje para que no se entiendan los unos a los otros". (Génesis 11, 6).

Se empieza prohibiendo comer manzanas y terminan pasando estas cosas, que se le sube a uno el triángulo-con-ojo a la cabeza (aún más). Y por ello tenemos que aguantar a los ingleses imponiéndonos su pronunciación incomprensible, a los alemanes hiriendo los oídos, a los italianos haciéndonos reir (¡esos dedos juntos!), a los árabes mareándonos... Afortunadamente, cuando Yahvé decidió joderles a los habitantes de Babel la construcción de su torre no se imaginaba que luego vendrían las academias y la Escuela de Idiomas a solucionarlo. Aunque habrá que tener cuidado o cualquier día decide descender otra vez y aniquilar a media Humanidad para demostrar que el que tuvo, retuvo. Pero mientras, disfrutem…