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Mostrando entradas de septiembre, 2011

La defenestración, una arraigada costumbre checa

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Volviendo sobre el asunto del otro día, el del cartel que me cayó en la cabeza durante mi visita a Praga, me pregunto si no habré sido víctima de una de las costumbres locales más originales, insólitas y acongojantes de los habitantes de esta ciudad -y de cualquier otra, claro-: tirar cosas por la ventana. Suena sorprendente ¿no? Pues más aún cuando uno se entera de que lo que suelen arrojar es seres humanos. Lo que me lleva a deducir que el cartel que me hirió casi fue un mal menor; podía haber sido un checo rubicundo. No estoy delirando. Incluso le han puesto nombre al evento, defenestración, y no sólo lo llevan practicando siglos sino que ilustres personajes han sido protagonistas involuntarios de esta ancestral forma de expresión popular. No quiero ni imaginar cuántos desconocidos habrán probado también la ley de la Gravedad, pero si hubo muchos de categoría es de suponer que no faltarían tampoco los de baja cuna.
Los primeros -que tengamos noticia- en comprobar que el hombre no…

Destino, fantasmas y chinos en la calle Celetná

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Hay un relato de Philip K. Dick, el autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Blade Runner para los amigos), titulado Adjustment team. En sus escasas 20 páginas plantea uno de sus habituales temas metafísicos, en este caso sobre la posibilidad de que cada uno de nosotros tenga su destino escrito de antemano. Un equipo de ajuste, tal como dice el título, se encargaría de prevenir o corregir posibles desviaciones de ese itinerario existencial.
Hace poco fue llevado al cine con Matt Damon de protagonista y la inevitable  banalización romántico-tontorrona del guionista, pero el caso es que casualmente ví la película este fin de semana, regresando de un viaje a la República Checa.  Allí me ocurrió un insólito accidente: callejeando por la Ciudad Vieja de Praga, un cartel de metacrilato se desprendió de la fachada de una licorería china y fue a caer sobre mi cabeza.  Sólo me abrió una pequeña brecha pero como sangraba bastante tuve que sentarme tapándola con unas gasas que me d…

De Drácula a Tepes

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Uno de los mayores atractivos de Rumanía, pese a todos los tópicos, es Drácula, lo cual resulta especialmente irónico teniendo en cuenta que en los retratos que tenemos de él no sale precisamente agraciado. Hablo del auténtico Drácula, claro, no de Christopher Lee ni de Frank Langella ni de Gary Oldman ni de Bela Lugosi ni de Jack Palance, por citar sólo los más conocidos y no agotar la colección de nis.
El Drácula histórico se llamaba Vlad. Drácula significa hijo de Dracul, que era el sobrenombre que le pusieron a su padre. Dracul se puede traducir como diablo pero también como dragón y, de hecho, probablemente se lo pusieron porque fue investido caballero de la Orden del Dragón. Vlad heredó, pues, el mote, aunque luego puso todo su empeño en ganarse uno propio y a fe que lo logró: Tepes, que significa empalador
Con Vlad no parece haber término medio. Para unos se trataba de un sádico psicópata que incluso gozaba organizando banquetes bajo los empalados y para otros un héroe que defe…