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Mostrando entradas de septiembre, 2009

El verdugo

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Hay cosas que por más graves, bellas, importantes o trascendentes que sean, uno no se las puede tomar en serio. Hablo de una percepción netamente personal no de algo objetivo. Si un obispo abandona su cargo y su vocación para casarse con una amante y el tipo responde al nombre de Milingo, pues te tienes que reir forzosamente; si el actor David Carradine aparece ahorcado en su hotel y no es un suicidio ni un asesinato sino un simple accidente durante una práctica sexual enrevesada, debes concluir que es trágico pero cómico a la vez; si un tipo se tira desde lo alto de la Torre Eiffel con unas alas de su invención para volar muriendo en el intento ... de un infarto antes de llegar al suelo, pues lo siento pero es para cachondearse; si lees en los libros de Historia que el nóbel Ramón y Cajal rechazó ser ministro de Instrucción Pública porque no tenía tiempo "para gastarlo en tonterías" piensas que quizá fue una lástima pero ¡vaya maravilla de respuesta!

En fin, algo así me ocur…

Esperpentos II: las chilabas

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Había prometido contar otra anécdota de ésas en las que los turistas hacemos el rídiculo ante la gente de otros países y lo prometido es deuda. La de hoy ocurrió en Egipto, durante el clásico crucero por el Nilo. Viajando a bordo del Nile Crown, tarde o temprano es inevitable encontrarse en el hall un anuncio terrible: "ESTA NOCHE, FIESTA DE CHILABAS". Como si de una fórmula mágica se tratara, todo el pasaje se lanzó a buscar como loco la dichosa prenda para poder asistir. En realidad tampoco había que ir muy lejos porque en la tienda del barco podía comprarse, que en esos sitios se saca dinero de todas partes, pero en fin... El caso es que al acabar las excursiones todos volvieron satisfechos con su chilaba y, tras cenar, acudimos a la celebración convenientemente ataviados; algunos incluso se pusieron un turbante para terminar de parecer escapados de una película del Gordo y el Flaco (es cosa de ver a un tipo vestido de esa guisa pero con trenzas rastafari asomando). Digo…

Manolo, guardia urbano

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Hoy toca otra batallita de mis tiempos de estudiante, de cuando visité Italia con mis compañeros de curso en el tradicional viaje de paso del ecuador; para los más despistados aclaro que ese ecuador no es el geográfico sino el de la carrera. Fue en el año 1987, lo cual quiere decir que tengo algunos kilos más y unos miles de neuronas menos, pero aún así recuerdo algunas cosas memorables.

Una de ellas se llamaba Manolo y era el delegado de clase. Un tipo raro donde los haya, bonachón, con gafas, buen contador de chistes (muchos siguen-seguimos - riendo con su famoso chiste de la oreja) y protagonista de las mejores anécdotas del periplo. Voy a contar alguna.

Como suele ser habitual en viajes de estudiantes, el trayecto lo hacíamos en autobús: heroica ruta desde Asturias hasta Roma vía Lloret de Mar, Niza, Florencia y Pisa (en la foto se me puede ver en lo alto de la Torre inclinada). Fue precisamente en esta ciudad, si se puede llamar así, donde al atravesar sus calles en dirección a …

O problema do mondo vegetal

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Voy a contar una batallita de un viaje de estudios. Fue en la noche de los tiempos. Tendría yo unos 17 o 18 años y cursaba Primero de Historia cuando se organizó una tournee de cuatro días por Galicia y Portugal para aprender in situ las peculariedades de la cultura castreña. Que nadie se asuste, que no voy a hablar de esto.
Fue una de las experiencias más surrealistas y lisérgicas de mi vida. La segunda o tercera noche, en Orense, nos alojaron en un extraño hotel que parecía sacado de los años veinte (a lo mejor así era), con lo que deambulabas por sus dependencias con la sensación de que en cualquier momento aparecería Mata-Hari con un par de caballeros de chistera y bigote enroscado descorchando una botella de champán mientras un militar prusiano de monóculo y casco puntiagudo rabiaba despechado. Las habitaciones tenían techos altísimos con artesonado de madera de los que pendían arañas doradas, los suelos estaban tapizados con elegante moqueta verde oscuro, molduras belle epoque de…