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Mostrando entradas de agosto, 2011

Agashya y familia

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Acabo de comprar el número de Julio-Agosto de la revista de viajes Condé Nast Traveller atraído por uno de los reportajes sobre los gorilas de Ruanda. Y cuál no sería mi sorpresa al descubrir que el protagonista del artículo es un viejo conocido: Agashya.
Agashya es el gorila treintañero de la foto superior, que tuvo la gentileza de posar para mi cámara el año pasado. Lidera una familia llamada Grupo 13 desde que llegó errante de no se sabe dónde e impuso sobre el resto de jóvenes machos la autoridad que le daban los galones plateados de su espalda. Este grupo es el más acostumbrado a la presencia humana y, por tanto, el que menos dificultades ofrece para visitar, de ahí que fuera el que me asignaron en 2010 (entonces me recuperaba de una lesión muscular).
Ya he contado en otro post cómo compartí trekking con tres californianas octogenarias que nos hicieron tardar en encontrar a los gorilas un par de horas en lugar de los 45 minutos previstos, más otras tantas de la vuelta, lo que llev…

El viejo ahuehuete

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Cuenta la tradición que el árbol más viejo de Madrid es éste de la foto, que se conserva, bien protegido por una verja, en el Parterre del parque del Buen Retiro (entrando por la calle de Alfonso XII, detrás del Casón). Se trata de un ahuehuete, una conífera originaria de México, lo que dio lugar a una leyenda: sería el mismo ejemplar bajo el que lloró Hernán Cortés durante la Noche Triste, su desastrosa retirada de Tenochtitlán, en la que cientos de sus hombres cayeron masacrados por los aztecas.
Es sólo un mito, lamentablemente. Pero la ancianidad del árbol -su plantación se calcula hacia 1633, aunque los hay milenarios- le permite protagonizar viejas historias, cual abuelo Cebolleta. También se cuenta que sobrevivió a la tala masiva de 1812, llevada a cabo en el Retiro por las tropas napoleónicas para instalar su campamento, porque unos artilleros franceses aprovecharon sus retorcidas y gruesas ramas para apoyar un cañón a manera de cureña.
En fin, a mí me sirvió para cobijarme b…

Las cerezas de la Muerte

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Hace unos cuantos años -muchos- acababa de terminar la carrera y se me presentaba un verano sin vacaciones propiamente dichas, así que decidí aprovechar uno de los cursos de Extensión Universitaria y, al menos, pasar unos días fuera, conociendo la zona occidental de Asturias a cambio de aguantar unas clases.
El lugar era Pola de Allande, una zona montañosa con alturas inferiores a las del otro extremo de la región, puesto que la Cordillera Cantábrica es más suave que los Picos de Europa pero más boscosa, refugio del mayor núcleo de osos de España. El Ayuntamiento ponía a disposición de los estudiantes una serie de alojamientos, aunque se llenaron y yo tuve que hospedarme en casa del guarda forestal.
Al final las horas lectivas no fueron especialmente largas y los participantes disponíamos de mucho tiempo libre que empleamos en visitar algunos atractivos del concejo, como algunos castros e iglesias medievales. Sin embargo, uno de los mejores momentos lo viví en un simple paseo por las a…