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Mostrando las entradas etiquetadas como Fátima

Take off

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Hoy llega el final de la trilogía de la aventura por Portugal narrada en los dos últimos posts y que empezó con un Viaje alucinante al fondo de la sopa y continuó con El tormento y el éxtasis . Contaba que tras comprobar los horarios de misas para buscar la hora en español para que Hache y Sharon pudieran mostrarnos su cristiandad, regresamos al hotel. Yo pensaba que la jornada había sido lo suficientemente lynchiana (de David) pero me equivocaba: fue entonces cuando empezó la excursión a la quinta dimensión.  Cuando llegamos, la juerga que se corría el resto de los integrantes del viaje era tan monumental, tan alocada, tan delirante, que la de El guateque a su lado podría pasar por unos ejercicios espirituales; sólo faltaban el elefante y la espuma. Caminando por los pasillos en medio de gritos, música, carreras y risas estentóreas asistimos a escenas surealistas dignas de un mano a mano entre Dalí y Buñuel tras una indigestión de LSD. Por ejemplo, desde la puerta abierta ...

El tormento y el éxtasis

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En el último post contaba una aventurilla gastronómico-alucinante por tierras de Portugal . Continuemos donde lo habíamos dejado. Era ya noche cerrada cuando llegamos a Fátima . Aún así, tras instalarnos en el hotel decidimos dar una vuelta antes de irnos a dormir porque, según el recepcionista, el santuario no estaba lejos. Media hora después de ponernos en marcha empezamos a plantearnos qué concepto del tiempo y la distancia tenía aquel tipo: estábamos en una especie de parque en medio de la nada y lo único que habíamos encontrado era un perro solitario empeñado en darnos escolta; nada nuevo por otra parte, pues todos los pueblos del país tienen su can vagabundo, que a menudo suele echarse a dormir ante las puertas de las iglesias. Y esto era lo que nos animaba, que quizá el chucho buscaba también el santuario para echar un sueño. Pero fiándose, como hacía, de nosotros, cabe suponer que acabaría convirtiéndose en un noctámbulo. Incluso tenía algo de fantasmal, pues no ladraba,...

Viaje alucinante al fondo de la sopa

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Como ya hace tiempo que no cuento una batallita de mis tiempos universitarios, vamos con una. Ocurrió en Portugal en el año 1989. El autobús acababa de parar en Leiria para cenar y los estudiantes, medio centenar, nos diseminamos por las calles en busca de algún restaurante. Hache y Sharon que se conocían hacía tiempo, caminaban delante; Gracia y yo íbamos un par de metros por detrás. Acababan de presentarnos y, como decía ella con su fino sarcasmo habitual, parecíamos sus lacayos. Cenamos en un tugurio misterioso, oscuro y completamente vacío, al que se bajaba por unas escaleras y donde apenas había dos o tres mesas iluminadas por la tenue luz de una lámpara ajada. El menú, inolvidable. De primero, como es típico en Portugal, una sopa ; ahora bien, nunca había tomado -ni volví a hacerlo- una sopa como aquélla, de color gris, con la superficie tapada por fungosos vegetales de un extraño color verde oscuro (¿espinacas?, ¿algas?) y una cosa sospechosamente parecida a un pequeño ce...