Babel


"He aquí que todos forman un solo pueblo y hablan una misma lengua, y éste es sólo el principio de sus empresas. Nada les impedirá llevar a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y confundamos su lenguaje para que no se entiendan los unos a los otros". (Génesis 11, 6).

Se empieza prohibiendo comer manzanas y terminan pasando estas cosas, que se le sube a uno el triángulo-con-ojo a la cabeza (aún más). Y por ello tenemos que aguantar a los ingleses imponiéndonos su pronunciación incomprensible, a los alemanes hiriendo los oídos, a los italianos haciéndonos reir (¡esos dedos juntos!), a los árabes mareándonos... Afortunadamente, cuando Yahvé decidió joderles a los habitantes de Babel la construcción de su torre no se imaginaba que luego vendrían las academias y la Escuela de Idiomas a solucionarlo. Aunque habrá que tener cuidado o cualquier día decide descender otra vez y aniquilar a media Humanidad para demostrar que el que tuvo, retuvo. Pero mientras, disfrutemos de la posibilidad de conocer mundo.

Lo bueno de estar casado con una políglota (nota para la generación LOGSE:  políglota es la persona que domina varias lenguas, no una raza de Star Trek.  Nota 2 para la generación LOGSE: lenguas quiere decir idiomas, en  esta versión etimológica. Nota 3 para la generación LOGSE:  la Etimología estudia el origen, significación y formas de las palabras); lo bueno, decía, es que cuando vas de vacaciones no tienes de qué preocuparte: cualquier intercambio dialéctico corre a su cargo, que para eso sabe; y además quiere demostrarlo. Por eso  Marta se aplicaba a aprender las palabras y expresiones en swahili que nos enseñaban los guías en Kenia y Tanzania: cada noche, al volver del safari, cogía la chuleta y venga y dale hasta memorizar el asunto. Y así, al día siguiente, los guías nos saludaban en castellano y ella les respondía en su lengua dejándoles alucinados:

-Jambo. Tafadhali, ¿tutafika lini?¿Kilometa ngapi? ¡Twende!

Se mondaban de risa, no sé si por la pronunciación o porque les agradaba. En cualquier caso parecía sorprenderles la soltura y el amplio vocabulario dominado en tan poco tiempo, con lo que la llamaban Mamá Tembo, que no es ninguna alusión a su curva praxitélica sino a su memoria: tembo quiere decir elefante, cuya memoria, ya se sabe, es prodigiosa.


"It is not Marble Arch, but I have not any photo in that place".

En Inglaterra es un poco más difícil -sí, más que el swahili- porque ellos hablan la lengua del Imperio y, claro, no sólo tienes que arreglártelas para entenderles y hacerte entender sino que incluso te corrigen si cometes el error de pronunciar mal. Cuando llegué al aeropuerto de Stansted  intenté explicarle a la taquillera de los autobuses que me dijera cuál iba hasta Marble Arch.

-Pliis, ¿to Meirbel Arch?

Pero no había forma, oiga. Hablé, hablé luego más alto, grité, silabicé... Hasta recurrí al lenguaje de signos pero la tía parecía estar sorda o ser idiota. Entonces vislumbré un folleto con la dirección en cuestión y se la señalé. Ah, claro. Me quitó el papel de las manos y, con un tono didáctico que cuadraba muy bien con su sonrisa condescendiente, no me contestó qué autobús debía coger sino la correcta pronunciación del nombre:

-Meirbel Eiirch.

Así, aspirando la e y las íes como si fuera a cámara lenta. Que ningún listillo diga nada aún, porque la historia no ha terminado. Finalmente logré que me informara de lo que me interesaba y llegué a Londres. Al día siguiente, tras visitar la Torre y no sé qué más, decidí volver al hotel en taxi, así que paré uno, subí y le dije al conductor reproduciendo con total exactitud la pronunciación de la taquillera (y a cámara lenta):

-To Meirbel Eiirch, pliis.

Se me quedó mirando con cara de póker sin entender una palabra. Se lo repetí un par de veces pero como no tenía ganas de repetir la escena del aeropuerto, se lo señalé en un papel. Y entonces va el tío y dice con en un tono didáctico que cuadraba muy bien con su sonrisa condescendiente:

-Oh, Meirbel Arch.

En fin, Yahvé save the Queen.

 Fotos:
Alí y Moha con el gran cazador blanco, por Marta B.L.
Paseo por el Támesis, por Jaime A.F.

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