Hasta luego, cocodrilo

Esta semana la prensa se hacía eco de una de esas noticias que parecen sacadas de un show de los Monty Python . El pasado 25 de agosto se estrelló un avión en la República Democrática del Congo , muriendo la práctica totalidad de sus ocupantes, veinte personas; sólo se salvó uno de los pasajeros. O, al menos, eso se creía hasta ahora porque el tipo acaba de contar una historia que hay que oir para creer. Resulta que bordo viajaba un traficante de animales que transportaba un cocodrilo en su equipaje de mano. Lo más normal del mundo, vamos. Aunque tenía la documentación en regla -era un traficante legal-, llevarlo en la cabina oculto en una bolsa de deportes es harina de otro costal. Quizá pensó que se le moriría si tenía que viajar en la bodega y perdería el dineral que iba a ganar con él. O quizá creía que la lista inacabable de prohibiciones al embarcar no incluye a los cocodrilos. El caso es que, a punto ya de llegar a destino, el reptil se hartó de ir ahí metido y mientras los...