El día de la marmota

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Hay una película muy conocida de Harold Ramis titulada Atrapado en el tiempo. En ella Bill Murray es un periodista enviado a un pueblo para realizar un reportaje sobre una curiosa fiesta local, el Día de la marmota. La celebración consiste en la asistencia multitudinaria al despertar del letargo de una marmota llamada Phil, lo que sirve para predecir el tiempo que hará ese año según cómo se comporte. El personaje de Murray, un tipo malencarado en permanente guerra con el prójimo, sufre una especie de maldición por la cual se despierta cada mañana en el Día de la marmota, viéndose obligado a vivir la misma jornada una y otra vez como si de una pesadilla se tratara.
A mí me pasó lo mismo en Marruecos.
Día uno de la marmota. Empieza el viaje en Marrakech. El guía nos enseña lo más destacado de la ciudad, como es lógico, y luego nos lleva a una visita pactada a una herboristería y una tienda/fábrica de alfombras, donde nos invitan al preceptivo té con menta para luego hacer una demostración y oferta de sus productos. Bien, lo habitual en estos casos y en estos países.
Día dos de la marmota. Continuamos el viaje por la costa, hasta Casablanca y Rabat, que apenas tenemos tiempo de ver por razones que contaré en otro artículo. Pero sí que nos introducen en una tienda de alformbras, donde tras otro té con menta nos enseñan su producción.
Día tres de la marmota. En Tánger alquilamos los servicios de otro guía (cuyo español, por cierto, es casi tan deleznable como el de, por ejemplo, Cruyff); a mitad del recorrido nos mete... en una tienda de alfombras. Tomamos de nuevo té con menta y asistimos a una nueva exhibición de productos. Lamentablemente, le decimos al dueño, no podemos comprar porque ya lo hicimos en Marrakech.

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Este sería el telar de la marmota


Día cuatro de la marmota. El guía contratado en Fez, un tipo con el baile de San Vito que habla una mezcla de italiano y castellano, nos lleva a, sí, otra tienda de alfombras. El maldito té con menta y la maldita muestra de tapices y derivados. Escaqueo con dificultades aduciendo que hay que ir a comer o alguna excusa peor.
Día cinco de la marmota. En realidad es el día cuatro por la tarde pero es que hay un nuevo guía que nos quiere mostrar los oficios artesanos de la ciudad. ¿A que nadie se imagina cuál es uno de ellos? Se me ocurre pedirle a alguna de las tatuadoras de henna que me escriba en la frente "NO QUIERO ALFOMBRAS" o, directamente, huir cuando los guías propongan alguna visita.
Este verano ví alfombras de todos los tamaños y colores, con flecos y sin ellos, con esta técnica y aquella otra, de más calidad y menos, de estilo bereber o de otros... Y eso que no tengo ninguna en casa. Encima tuve que tragar más té del que nunca hubiera imaginado; menos mal que no era el asqueroso té rojo que cité en el artículo La maldición de los faraones o hubiera salido en los periódicos marroquíes la noticia de un misterioso turista español que recorría el país vomitando en las tiendas de alfombras que visitaba.

Al menos el Día de la marmota le servía a Bill Murray para acabar ligándose a Andie MacDowell.


Fotos:

Tienda de alfombras, Jorge A. F, 2008
Telar marroquí, Jorge A. F, 2008


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Tanto té verde seguido suena espeluzante, en efecto, y si eres alérgico a los ácaros tanta alfombra más todavía. Al menos queda el consuelo de que el té sería gratis... ¿o no? ;)
El tío-abuelo Penradock ha dicho que…
Gratis según se mire. En vez de pagar con dinero lo hicimos con paciencia infinita y tiempo. Pero bueno, en esos países el ceremonial de las ventas en las tiendas grandes es así (en los puestos pequeños se limitan a marearte sin más, je, je).
Anónimo ha dicho que…
Bueno es que queda el miedo a que te saquen el té con toda cortesía, te atiborren y luego, al final, si no compras, te pasen la minuta de lo consumido, que nunca se sabe. En algún restaurante de Praga te servían un entremés no solicitado mientras preparaban los platos sí solicitados y si los consumías había que pagarlos. Eras libre de no tocarlos, pero sin no conoces el detalle...

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