La insólita playa gallega con cristales en vez de arena
Hay una playa que troca granos de arena y piedras por perlas de cristal que la tapizan de múltiples colores, como si el arco iris se tumbase a tomar el sol. Parece que estuviera declamando a Rubén Darío o, en su defecto, rememorando algún eslógan de Mayo del 68. Pero no, ése lugar existe de verdad y además no hay que ir hasta el fin del mundo para verlo. O sí, sólo que por una vez ese fin del mundo está a la vuelta de la esquina. De la esquina de España, para ser exactos, la del noroeste. En un lugar de Galicia de cuyo nombre es fácil acordarse: Laxe.
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| Laxe y su playa, que no es la de los cristales |
Laxe, o Lage en castellano, es un municipio de la provincia de La Coruña. Concretamente de la parte de la fachada atlántica que se conoce como Costa da Morte, nombre que no hace falta traducir porque se entiende bien y resulta estremecedoramente expresivo: es una franja litoral que se extiende entre los cabos Roncudo y Finisterre (Finis Terrae, o sea, «Fin de la Tierra», como llamaban los romanos a lo que consideraban el extremo del mundo conocido, de ahí lo que comentaba al principio), que resulta peligrosísima para la navegación; tanto que, a lo largo de la Historia, los naufragios se cuentan por docenas -o cientos, si suponemos los no registrados-y no sólo de pequeños pesqueros sino también de buques de gran calado, españoles y extranjeros.
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| Los acantilados del entorno se pueden recorrer a pie por un sendero |
Es decir, el fondo marino de la Costa de la Muerte está sembrado de esqueletos, miles de ellos, pertenecientes a infortunados marineros y pasajeros que perdieron la vida en agónica y desigual lucha contra el mar. Alguna de esas desgracias fueron dignas de una película, como la del HMS Serpent, un crucero británico de sesenta y ocho metros de eslora que en 1890, zarandeado por una fuerte marejada, se acercó demasiado a las rocas de Punta do Boi y acabó yéndose a pique con ciento setenta y tres de sus tripulantes. Sólo se salvaron tres y el resto, una vez que la marea vomitó sus cuerpos, están hoy enterrados en un sencillo cementerio de Camariñas, solitario y batido por fuertes vientos.
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| El Cementerio de los Ingleses |
Muy cerca de allí está Laxe, nombre alusivo a las lajas o piedras planas. La playa del lugar es un arenal largo y blanco bañado por la ría de Corme y Lage, a menudo frecuentado por parapentistas que, al contrario que los bañistas, agradecen a Eolo que se empeñe en soplar como si no hubiera un mañana. Algo especialmente manifiesto en invierno, que es cuando yo lo visité y cuando el pueblo -pequeño, no llega a tres millares de vecinos- tiene el encanto especial de no ver multiplicada su población con la llegada de turistas.
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| La espera, de la escultora Iria Rodríguez, plasma la angustia de las mujeres de los marinos |
Así que aproveché aquella tranquilidad de cielo gris y nubes lloronas para visitar a conciencia cada recodo, desde el puerto, tachonado de barcos de colores, a la maciza iglesia de Santa María, pasando por un peculiar cementerio asomado al mar, el faro de Punta Lage -que vio rota la soledad que acreditaba desde 1920 por una escultura femenina de bronce en honor a las sufridas mujeres de los pescadores, siempre oteando el horizonte esperando su regreso, a veces en vano-, el mirador de Ínsua que hay que pasar de camino al faro y que constituye un escenario perfecto para fotografías artísticas, un sendero que discurre por los acantilados y lleva hasta unas rocas en las que los amantes dejan testimonio grabado en piedra de su love story, etc.
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| Las pedras dos namorados con sus inscripciones |
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| Las flores que decoran el sendero del acantilado |
En ese atractivo circuito hay que incluir la playa de los cristales, que no es la principal de Laxe y ni siquiera está en su casco urbano sino al pie del reseñado camposanto. Se trata de una minúscula cala, la ensenada de Baleeira, nombre que sustituyó al anterior de Areal dos Botiños, que quizá era más ajustado porque aludía a la especie de delfines que todavía se acercan de cuando en cuando, mientras que sus primas mayores las baleeiras, es decir las ballenas, hace mucho ya que dejaron de verse por esos lares; seguramente por la cuenta que les trae, ya que antaño eran especie cinegética.
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| La Playa de los Cristales |
Ahora tiene una tercera gracia, Playa de los Cristales (o Praia dos Cristais), que es perfectamente descriptiva: en vez de arena son millones de pequeños trozos de vidrio, de mútiples colores los que forman su suelo. Vidrios que, redondeados por décadas y décadas de erosión, procedentes de las botellas que a lo largo del siglo XX se arrojaban allí a manera de vertedero, ya no cortan y se han autorreciclado en inaudito atractivo turístico. El mar, que tan implacable se ha solido mostrar con las gentes locales, quiso esta vez enmendarse y compensarlas regalándoles, a manera de redención y puliendo concienzudamente lo que el Hombre desechaba a sus puertas, esa improvisada maravilla visual.
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| Los cristales proceden de botellas y no cortan debido a la erosión |
No es el único caso de ese tipo; me consta que hay otras playas cristaleras en diversos rincones del planeta como la bahía rusa de Ussuri o la californiana Glass Beach; incluso ahí al lado, en Asturias, estaba la playa del Bigaral, surgida igualmente de un basurero de botellas, aunque incomprensiblemente decidieron limpiarla y, con ello, enviarla al cuasi-anonimato. De hecho, la que hay en Laxe también estuvo a punto a desaparecer como tal cuando las autoridades iniciaron en 2004 un proceso de retirada de los cristales que, afortunadamente, los vecinos consiguieron detener.
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| Vista general de la playa desde el cementerio |
Algo tarde, por desgracia, pues las máquinas ya habían quitado la mitad del material, de ahí que ahora presente muchos menos vidrios que antes y haya perdido algo de imagen. Una pérdida agravada porque muchos turistas se empeñan en llevar un recuerdo, como hacían aquellos viajeros británicos decimonónicos con piedras de la Alhambra granadina, a pesar de que un cartel colocado ad hoc lo prohibe taxativamente. Tardará mś o menos, pero me temo que la Playa de los Cristales está condenada a desaparecer como tal.
Fotos: JAF










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