Visita al Mary Rose (I)



Inglaterra es un paraíso para los amantes de la historia naval. Conscientes de su carácter insular y por ello de la importancia del mar, los ingleses han mimado de forma especial su relación con ese medio, que fue el que, al fin y al cabo les proporcionó su estatus de potencia. Por eso han conservado algunos de sus barcos históricos más emblemáticos e incluso hay toda una localidad dedicada al tema, Portsmouth, donde cualquier aficionado puede entrar en éxtasis visitando el Royal Naval Museum, contemplar buques actuales de la Royal Navy y subir a bordo de naves legendarias como el HMS Warrior (el primer buque británico acorazado) o el HMS Victory (el navío de línea en el que murió Nelson durante la batalla de Trafalgar), entre otros.

La última vez que visité Inglaterra me aseguré de cumplir un objetivo que no había podido cumplir en ocasiones anteriores: acercarme a esa localidad y ver todas esas maravillas en vivo. Así que una mañana a primera hora cogí un tren en la Estación Victoria -algo que me pareció muy apropiado, por cierto-, dormité un poco la hora y media de trayecto en un vagón medio vacío y llegué a esa ciudad portuaria cuando el tenue calor del sol empezaba a calentar un poco el gélido aire matutino.

Vista aérea de Portsmouth (The Business Magazine)

La estación local estaba prácticamente al lado del puerto, que era lo que realmente me interesaba, así que no perdí tiempo y silbando los tradicionales sones de Portsmouth hornpipe, la canción folklórica marinera dieciochesca que Mike Oldfield repopularizó, saqué la entrada para entrar al recinto. Porque, como decía antes, allí no hay sólo barcos de época famosos sino también varios más modernos, aparte de una serie de museos militares e incluso al lado está la famosa base naval donde no es difícil atisbar, entre grúas y depósitos, el perfil imponente y gris del portaaviones HMS Queen Elizabeth o los de otras naves de guerra.

Pero la prioridad eran los buques históricos y uno de ellos, de interés excepcional para los historiadores, es el Mary Rose. Dicho interés viene de que se trata de la única nave del siglo XVI que se conserva, así como de que, dado que fue rescatada del fondo marino, se recuperaron del pecio cerca de veinte mil objetos que resultan muy útiles para conocer cómo era la vida de los marineros. Y encima el relato del rescate resulta casi igual de apasionante que el de su historia.

El Mary Rose pintado por Anthony Roll

Pese a lo que diga el himno, Britania no siempre dominó sobre las olas. De hecho no se convirtió en la potencia hegemónica hasta el siglo XVIII; en el anterior logró auparse al pódio que compartían a codazos España, Francia y Holanda, pero antes tuvieron que ser los últimos Tudor los que cambiaran la mentalidad del país orientándolo hacia el mar. El gran momento fue con Isabel I, que no sólo enriqueció su reino otorgando patentes de corso como se suele creer, sino también recopilando información náutica (sobre todo de España y Portugal) en lo referente a técnicas de construcción, rutas y cartografía, e impulsando la creación de una flota digna que pudiera oponerse al todopoderoso Felipe II, especialmente tras descubrir el plan de invasión que preparaba con la Armada Invencible.

Retrato anónimo de Isabel I conmemorando la victoria frente a la Armada Invencible

Pero, en realidad, Isabel no fue la primera. El verdadero pionero fue su padre, Enrique VIII, que tuvo que enfrentarse a un peligro similar al de su hija pero no procedente de España, pues en aquel tiempo la tenía como aliada, sino de Francia, el enemigo secular desde la Guerra de los Cien Años. Precisamente Enrique y Carlos V habían intentado la invasión de ese país en 1544 y, fruto de ello, los ingleses tomaron Boulogne.

Enrique VIII por Hans Holbein el Joven

Al fracasar las negociaciones para su devolución, el monarca galo Francisco I reunió un ejército de treinta mil hombres y lo embarcó en una gigantesca flota de más de doscientos barcos que, tras zarpar de El Havre, se plantó ante la costa británica e intentó apoderarse de la isla de Wight; no tuvo éxito y los franceses fueron rechazados en la Batalla de Bonchurch, al igual que luego tendrían que retirarse del terreno ocupado en Essex. No obstante, tampoco sus adversarios estaban contentos porque unos días antes habían sufrido una grave pérdida, material y de prestigio.

Francisco I por Jean Clouet

Cuando las velas de Francisco aparecieron en el horizonte dio comienzo un juego del gato y el ratón entre los contendientes en el que los ingleses trataban de atraer a los otros a zonas de arrecifes mientras que éstos les retaban a salir a mar abierto. Finalmente, chocaron en la Batalla de Solent, que se desarrolló a lo largo de un par de jornadas. Un primer enfrentamiento el 18 de julio terminó sin mayores consecuencias. Sin embargo, al día siguiente se produjo el incidente que realmente ha dado fama a este episodio: el naufragio del Mary Rose.

[CONTINUARÁ]

Imagen de cabecera: el Mary Rose visto por el artista Geoff Hunt
Más información: Mary Rose Trust

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