Benavides y Malospelos


Con las elecciones recién hechas y su coincidencia en pleno verano, el Congreso de los Diputados permanecerá cerrado hasta septiembre y sus fieles guardianes, los dos leones de la fachada, de vacaciones, sesteando tal cual lo hacen algunas de sus señorías captadas por las cámaras fotográficas de la prensa, que parece que siempre estén alerta.

Pero los felinos, al menos, tendrían excusa, pues llevan ahí desde 1872, fecha definitiva de su colocación después de años de proyectos fallidos, tira y afloja, dimes y diretes: que se si esculpir animales trae mala suerte, que si dos estatuas originadas en una guerra no pueden representar las Cortes españolas, que si éstos no me gusta y hay que encargar unos nuevos... Lo cierto es que la decoración escultórica del que fue nuevo edificio de la política nacional en sustitución de la iglesia del convento del Espíritu Santo, que antaño ocupaba ese solar pero al haber sido pasto de las llamas en 1823 hubo que encargarle un proyecto al arquitecto Narciso Pascual Colomer, inaugurándose en 1850 (durante las obras los diputados se reunían en el Teatro Real); la decoración escultórica, digo, fue un auténtico culebrón.

Retrato de Ponciano Ponzano
Se consideró que el cuerpo central de la fachada, de estilo neoclásico, quedaba un tanto soso. El lugar donde hoy asientan sus reales los leones estaba ocupado por un par de farolas, no por grandes menos anodinas, así que se decidió sustituirlas por sendas esculturas encargadas al autor mismo del frontispicio, el artista Ponciano Ponzano, que ganó el concurso convocado ad hoc. Y empezaron los problemas. Ponzano era de carácter difícil, no destacando precisamente por su capacidad empática y, encima, terriblemente supersticioso, razón por la cual se mostró muy reticente a aceptar el encargo; al parecer, consideraba que traía mala suerte representar animales en mármol, como se le pedía. La primera gran paradoja -luego veremos la otra- fue que al final aceptó porque el país estaba en una apretada situación económica y no había dinero para materiales nobles, por lo que se optó por el yeso... 

Pero vamos poco a poco porque las cosas no resultaron tan sencillas. Las estatuas se colocaron en 1851 con una capa de pintura que imitaba el bronce y recibieron el aplauso general, pero, siendo de tan endeble material y estando al aire libre, no tardaron un año en estropearse (de hecho, no sólo los elementos las maltrataron; también las balas, durante el alzamiento de la Milicia Nacional).

Fotografía del Congreso con los primeros leones de yeso

El primer intento resultó fallido, pues, y el segundo, ya en piedra, se le encargó a otro artista de moda, José Bellver (tío del también escultor Ricardo, el autor del célebre Ángel caído) porque el anterior exigió mucho más presupuesto. Pero la obra acabada resultó decepcionante: los animales eran muy pequeños y su expresión algo lastimera, de manera que la siempre implacable vox populi les cambió la familia de félidos a cánidos, asimilándolos a perros rabiosos. Los leones fueron desmontados y hoy se encuentran adornando la entrada del valenciano Jardín de Monforte. Curiosamente, son muy parecidos a los que hizo Mateo Bouncelli para el Salón del Trono del Palacio Real porque siguen el mismo modelo: los llamados Leones de los Médici, realizados por los escultores Faminio Vacca y Giovanni Scherano Fancelli para decorar la villa homónima, aunque actualmente están en la archivisitada Logia de Lenzi, en  la Plaza de la Señoría de Florencia.

El león de Faminio Vacca en Florencia

No hay dos sin tres y a la tercera fue la vencida. Los ojos se volvieron de nuevo hacia Ponzano y esta vez le facilitarían bronce de verdad: el de los cañones marroquíes que las tropas españolas capturaron cinco años antes en la batalla de Wad-Ras, uno de los episodios más rutilantes de la reciente Guerra de África, aquella absurda campaña desatada por el gobierno O'Donnell en lo que pomposamente se llamaba "política de prestigio internacional", concebida para unir a los españoles en una empresa común y desviar la atención de los problemas internos. La guerra ensalzó a Prim, regaló a Madrid la nomenclatura de un barrio (Tetuán) y facilitó los citados cañones, que se fundieron en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en 1865. Salió cantidad de sobra porque una de las estatuas pesa 2688 kilos y la otra 2219, diferencias explicables porque los animales no son iguales.


La batalla de Wad-Ras vista por Mariano Fortuny



Boceto de Ponzano para uno de los leones. La cara de cachondeo fue sustituida por otra más feroz


Se produjo entonces la segunda paradoja: Ponzano terminó el trabajo pero la leyenda cuenta que falleció antes de verlo colocado, con lo que se cumpliría así su temor supersticioso. Es cierto que los leones tardaron en lucir en su sitio porque algunos diputados objetaron que su material se hubiera obtenido dignamente -en alusión a la guerra- y, en consecuencia, no se ubicaran frente a las Cortes hasta 1872. Pero también lo es que el escultor murió en 1877, cinco años más tarde. Tiempo de sobra para que las maldiciones queden obsoletas... a no ser que tengamos en cuenta la absurda causa del óbito: asfixia con una uva.

El primer león...
No sé si, oficial o extraoficialmente, los leones reciben el nombre de Daoíz y Velarde en homenaje a los dos militares caídos en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón durante la sublevación de la capital contra la invasión napoleónica. Pero sí que en realidad deberían llamarse Hipómenes y Atalanta, los personajes de la mitología griega transformados por la diosa Cibeles en leones por profanar su santuario, ya que en esa historia se inspiró el autor y por eso, porque sería hembra pese a la melena (recurso estético clásico para representar a estas fieras), uno de los animales carece de testículos (lo que llevó al Canal Historia a iniciar una errónea campaña para que se los incorporaran; en cuanto les quitan los alienígenas...). En cualquier caso, el problema de los nombres quedó solventado por el gracejo castizo madrileño, que los rebautizó ya en su época como Benavides y Malospelos.

...y el segundo
Fotos: JAF
Foto Florencia: Sailko en Wikimedia

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