Abducción en la Catedral de Bilbao

A veces le pasan a uno cosas muy raras cuando viaja. Situaciones que parecen trascender la realidad para entrar dentro de lo paranormal, capaces de dejar confuso a quien las vive y dignas de aparecer en cualquiera de esas infectas naves del misterio que pululan por la televisión... salvo que ocurran en Bilbao, claro, donde ya sabemos que todo es posible y los misterios pueden adquirir proporciones áureas por el mero hecho de ocurrir allí.

Fue en la capital vizcaína donde sentí en mis propias carnes uno de esos fenómenos misteriosos que tantas veces vemos asociados a los ovnis y que consiste, no en ver extraños platillos volantes de los que salen enanos verdes que secuestran gente -con sospechosa preferencia por los nerds- para hacer experimentos médicos incomprensibles, sino en la experiencia de haber estado ausente de tu propia vida durante un tiempo, dándote cuenta de que no recuerdas absolutamente nada de lo que ocurrió en dicho lapso. La mente queda en blanco, dicen que por los hombres de negro y su método de vaciar la memoria con un bolígrafo.

El caso es que hace unos años pasé un fin de semana en Bilbao, como decía antes. Y paseando por el casco antiguo me acerqué hasta la catedral, cuya fachada me dediqué a fotografiar compulsivamente sin percatarme de que según el horario de visitas estaba a punto de cerrar. Cuando al fin caí en la cuenta era demasiado tarde y me tuve que ir, maldiciendo mi despiste porque ya no tendría ocasión de volver, al menos en aquel viaje.

La Puerta del Ángel, situada en la parte posterior, da acceso al claustro

Nave central, cabecera y capilla mayor
Sí lo hice dos años más tarde. Volver, digo, porque cuando me dirigí a la catedral me la encontré otra vez cerrada. Mi gozo en un pozo. Parecía que el destino me la estaba jugando. De nuevo saqué un montón de fotos exteriores, esta vez con atención especial a la parte de atrás, y finalmente tuve que tirar la toalla, marchándome de Bilbao sin saber cómo es el monumento por dentro.

Pero hete aquí que ya en casa, revisando las fotos de ambas visitas en busca de un tema para escribir sobre la ciudad vasca, me encuentro medio centenar de fotos del interior de un templo gótico, sospechosamente colocadas justo detrás de las de la fachada catedralicia. A la curiosidad inicial le sucede el desconcierto al descubrir, previa consulta con una guía impresa y no sin que se me ponga la piel de gallina, que no son imágenes de otra iglesia; en efecto, se trata de la Catedral de Santiago el Mayor.

Recalco: en la carpeta están primero las fotos de la fachada y la torre (construidas entre 1880 y 1891 en estilo neogótico), la llamada Puerta del Ángel que da acceso al claustro y el pórtico atechado del ala sur. Hasta ahí todo normal. Pero luego aparecen fotografías de lo que se encuentra dentro, cruzando la puerta: las tres naves separadas por pilares bóvedas nervadas de crucería, el triforio ornamental, las vidrieras decimonónicas con sus diecisiete ventanales y tres rosetones, la girola gótica, el coro con órgano, la sacristía del siglo XVI, la cripta donde se conserva un tramo del muro del templo anterior, las quince capillas ubicadas entre los contrafuertes y el claustro gótico con su bella arquería. Adjunto varias como prueba.

Coro y rosetón. El órgano es reciente, del siglo XXI


El pequeño claustro catedralicio

¿Cuándo demonios ví todo eso? ¿Cómo fui capaz de oprimir el disparador de la cámara cincuenta veces y no recordarlo ni por asomo? ¿Fui víctima de una abducción en Bilbao? ¿Quién fue el responsable de borrar todo eso de mi memoria, Will Smith o Tommy Lee Jones?

Fotos: JAF y Marta B.L.

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