Un paseo por la Sierra del Sueve



Asturias no es el lugar de España favorito para ir de playa y, por contra, sí uno de los más atractivos para la montaña. Lo irónico del caso es que se trata de uno de esos sitios privilegiados en los que, si se desea, se podría echar la mañana en la primera y la tarde en la segunda -o viceversa- sin ningún problema ni pérdida de tiempo. Ello es debido a que una y otra se encuentran muy cerca: apenas en un cuarto de hora puede uno pasar de estar tumbado en la arena o bañándose en el Cantábrico a pasear por lo alto de una cumbre. 

La cumbre del Pienzu con el mar abajo

Vean si no las fotos, correspondientes al Pico Pienzu. Con 1.161 metros es la máxima altitud de la Sierra del Sueve, una cadena montañosa que discurre medio transversal a la costa por el litoral oriental asturiano, arrancando casi desde el nivel del mar de manera que constituye una auténtica atalaya asomada a las aguas. La separan de ella menos de cuatro kilómetros, así que es como toparse de pronto con una pared colosal, resultando uno de los casos de este tipo más acusados del mundo.

Las crestas del Sueve

Se compone de montañas jóvenes, de la orogenia Alpina (unos treinta y cinco millones de años), y con una gran base de caliza aunque no faltan otros materiales tapizados por hayedos. Su nombre se ha relacionado con el paso de los suevos por la región, si bien estas cuestiones siempre resultan inconcretas y polémicas.

La subida al Pienzu se hace por carretera hasta el Mirador del Fito, a donde también es posible llegar a pie desde el pueblo de Cofiño, para dejar el coche y continuar andando por senderos, prados y bosquecillos de pinos. Es una ruta muy fácil -tiene escaso desnivel-, cubriéndose en poco tiempo: dos horas y media de subida y otras dos de bajada (de ahí lo que decía antes de que quedaría la tarde libre para descansar en alguna playa cercana), con la cruz de hierro que la corona como referencia. Mide dieciséis metros de altura y sustituyó en 1954 a la anterior, que estaba ya maltrecha por los embates de la climatología al ser de madera.

Desde allá arriba, si el día es bueno, se contemplan espléndidas panorámicas de la costa este asturiana, de las sierras vecinas e incluso de los Picos de Europa, el gran macizo montañoso en el que se sitúan el techo del Principado (Torre Cerredo, 2.650 metros), el Parque Nacional de Covadonga y el emblemático Picu Urriellu, más conocido fuera como Naranjo de Bulnes.

Durante el descenso resulta inevitable detenerse un rato en el Mirador del Fito (o Fitu). Es una estructura de hormigón, construida en 1927, con un diseño muy curioso (una escalera rematada por una plataforma, sin otro sostén), que se asoma a un barranco con la abrupta orografía asturiana como bello telón de fondo. 

El peculiar mirador del Fito, a la izquierda

El encanto del lugar se incrementa aún más, por increíble que parezca, con la presencia de asturcones pastando tranquilamente. El asturcón es un caballo de montaña de raza autóctona, primo-hermano de otros similares del norte de España. Familia del poni, es pequeño y robusto (1,25 de alzada media), con crines y cola muy largas. Los antiguos astures lo domesticaron tanto para monta como para tiro y los propios romanos apreciaron su resistencia; según Plinio, a ese tipo de caballo los nativos lo llamaban celdón.



Fotos: Marta B.L.
Foto asturcón: Ramón en Wikimedia

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