La Catedral de Oviedo (I)


"No era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza y, hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones".
(La Regenta, Leopoldo Alas Clarín)
Aunque los iconos más representativos de Asturias sean la triple ventana característica del arte prerrománico -aprovechada para el logotipo turístico- y la famosa Cruz de la Victoria -más falsa que los dientes de una vieja, al menos su interior de madera-, lo cierto es que los asturianos, y muy especialmente los ovetenses -los gijoneses seguramente no tanto- también añadirían la emblemática, singular y algo achaparrada silueta de la Catedral del Salvador.

Al contrario que la mayoría de este tipo de templos, tiene la rareza de estar dedicada a Cristo en vez de a la Virgen; no digamos ya al apóstol Santiago, como la gallega, porque inevitablemente brotan los versos ad hoc, ya saben: "Quien va a Compostela y no al Salvador, visita al criado y olvida al señor". Es una alusión al Camino del Norte de la ruta jacobea, del que, por cierto, las referencias no eran muy positivas en el Medievo: "malpoblado y estéril. Mucho más montuoso que el otro", lo describían los peregrinos dejando patente la dificultad de la orografía cantábrica. Por cierto, los peregrinos que fallecían en la ciudad eran enterrados en un cementerio creado ex profeso en el recinto catedralicio, tras la girola.

Pero vaya, si de rarezas se trata ésas son sólo algunas de las muchas que reúne la catedral carbayona. Por ejemplo, se acabaron los fondos para la otra -o alguien hizo negocio, que ya estaba todo inventado- así que tiene una única torre, al menos en la fachada. Y el tono oscuro de la piedra, causado de las frecuentes lluvias, la asemejan más a las catedrales alemanas. Luego está esa típica amalgama sucesiva de estilos que se fueron superponiendo siglo tras siglo, desde el citado prerrománico hasta el neoclásico, pasando por románico, gótico, renacentista o barroco, que terminaron difuminando la estructura de la planta. 

La portada principal, gótica

Hay a quien le gustan más las catedrales exentas, de perímetro perfectamente rodeable, como la de León, y quien prefiere las formadas por acumulación de capillas, ampliaciones y elementos adosados que le dan un aire complejo y laberíntico, como la de Burgos o la de la propia Oviedo; parafraseando al sargento Burns, los gustos son como los culos: todo el mundo tiene el suyo.

Inmortalizada por Clarín en La Regenta, cuya protagonista, plasmada en una estatua con la torre detrás, se ha convertido en el decorado perfecto para las fotos turísticas, forma parte insospechada del conjunto de edificios prerrománicos de la capital del Principado, junto con Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, San Julián de los Prados y La Foncalada. Y es que, dado que no se conserva nada de la basílica anterior erigida por Fruela y que los musulmanes destruyeron en el año 794, la parte más antigua de la catedral ovetense es contemporánea de ese siglo IX. Me refiero a la Cámara Santa, un tímido intento de reconstrucción de la anterior por parte de Alfonso II el Casto.

En realidad era la capilla del palacio real, que estaba en la misma plaza actual y del que tampoco quedan restos en pie salvo algunas trazas en la llamada Huerta del Campanero (porque allí vivían los campaneros, evidentemente) y la iglesia de San Tirso,  cuya extraña torre cuadrangular se alza al lado mismo de la catedral constituyendo la tercera en el mismo lugar, junto con la de la catedral misma y la del convento de San Pelayo, que asoma por detrás, formando entre todas lo que en su tiempo fue el peculiar skyline pétreo de Oviedo.


La torre de San Tirso al lado de la de la Catedral

En cuanto a la  Cámara Santa tiene hoy dos plantas en altura, siendo la inferior, llamada de Santa Leocadia, una cripta donde se conservan los presuntos restos mortales de San Eulogio y Santa Leocricia, y la superior una capilla en honor de San Miguel decorada con un interesante apostolado románico en relieve. En esta última, tras una recia verja, se guardan y exhiben las reliquias, aquellas que atraían a los peregrinos y exorcizaban posesiones diabólicas, como está documentado.


Cripta de Santa Leocadia

Capilla de San Miguel, con el apostolado románico y el tesoro

Sin embargo, no pudieron nada contra los ladrones que las robaron en 1977. No piensen en una operación de película; los culpables eran dos desgraciados del montón que lograron entrar gracias a que sólo una antigua verja protegía el tesoro (años después se puso un cristal blindado que además mejoraba la contemplación de los objetos, pero las protestas de los puristas obligaron a restituir las rejas). Fueron localizados y detenidos rápidamente, cuando intentaban vender por piezas las joyas que previamente habían desguazado y que, por tanto, fue necesario restaurar: la Cruz de la Victoria que citaba antes (enarbolada, según la leyenda, por don Pelayo en Covadonga y hoy en la bandera asturiana), la de los Ángeles (símbolo de Oviedo, creada por otro mito fantástico de referencia celestial), la Caja de las Ágatas (arqueta remachada con piedras preciosas) y el Arca Santa (una caja cuadrangular de plata repujada).


Cruz de la Victoria (izquierda) y Cruz de los Ángeles (derecha)

La Caja de las Ágatas
Detalle decorativo del Arca Santa

También hay otros objetos variopintos -aparte de los restos humanos de un puñado de santos-, desde un crucifijo de plata, marfil y piedras preciosas que lleva dentro un lignum crucis (sí, otro) a tres dípticos, pasando por cinco espinas de la corona de Cristo, una cartera de San Andrés (!), una sandalia de San Pedro (!!), etc. Asimismo, figura en la lista una sotana de San Pío V y la casulla de Melchor García Sampedro, el único santo asturiano.

El Santo Sudario

Pero, sobre todo, hay que destacar el Santo Sudario, un pañolón que habría cubierto el rostro de Jesús (ejem) tras ser bajado de la cruz y de cuyo exhaustivo examen los sindonólogos sacan una inusitada catarata de información y certezas equiparable a la de su objetivo principal, la Sábana Santa, de manera que ya quisiera el pobre Grissom contar con cualquiera de ellos; se acabaría con el crimen de raíz. Y a ellos no les afectan minucias como el carbono 14, que ha admitido hasta la Iglesia. Algunos saben exprimir su negocio hasta los posos, desde luego.

[Continuará...]

Fotos: JAF
Fotos Cámara Santa: Catedral de Oviedo

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