U Kalicha, la cervecería del soldado Sveijk en Praga



¿Quién representaría mejor a Praga? ¿Personajes de leyenda como la princesa Libussa o el Golem judío? ¿La prosperidad encarnada en el monarca Carlos IV o la infamia de Reinhard Heydrich, el Ogro de Bohemia? ¿Las hazañas deportivas del atleta Zatopek o la ciencia de Tycho Brahe? ¿Quizá un músico como Smetana, que compuso El Moldava, o acaso un poeta como Rilke? ¿Políticos como el presuntamente defenestrado Dubcek o el conciliador Havel? ¿Escritores de altura como Kafka o Kundera? ¿Iconos religioso-turísticos como el Niño Jesús?

Probablemente todos ellos, pero cuando viajé a la capital de la República Checa hace tres años tenía claro que quería visitar un rincón que la mayoría de los turistas ignoran o desconocen, ya que aparece inmortalizado en una novela cuyo protagonista es un praguense muy peculiar, no precisamente idóneo para presumir de él. Me refiero al soldado Svejk, parroquiano asiduo de la cervecería U Kalicha.


Las aventuras del buen soldado Svejk (les reto a leer el título original sin atragantarse: Osudy dobrého vojáka Švejka za světové války), escrita en checo (al contrario que Kafka, que lo hacía en alemán), es la obra maestra del periodista Jaroslav Hasek, tipo algo desequilibrado en el que confluían tanto un satírico sentido del humor como dramáticas tendencias depresivas que le llevaron a alguna tentativa de suicidio, aunque finalmente le mató la tuberculosis en 1923.

El personaje de Sveijk, que refleja parte de sí mismo y de su vida, es su gran creación. Un ciudadano de Praga medio ingenuo medio idiota que cuando estalla la Primera Guerra Mundial es arrestado y enviado a un manicomio. Luego, pese a reconocer y presumir de su imbecilidad, lo reclutan en el ejército austrohúngaro y va desesperando a todos los oficiales que le tocan -especialmente al pobre teniente Lukás- por su particular forma de cumplir las órdenes -ora absurdamente al pie de la letra, ora a su libre albedrío-, así como su empeño insistente y pelmazo en contar historias cuando surge cualquier conversación.


Unas veces Svejk parece tonto de remate mientras que en otras aparenta demostrar cierta sabiduría popular,  divertida ambigüedad que, para que se hagan una idea, ha originado una peculiar palabra en lengua checa: españolizada se podría traducir más o menos como “svejkizar" y se usa en el país para describir un comportamiento desconcertante e incomprensible como el de Svejk.

En fin, el soldado más memo del conflicto -que, por cierto, este año celebra su centenario-, protagonizó muchos relatos que se fueron recopilando en volúmenes. Hasek, que también fue llamado a filas, tenía intención de hacer seis tomos pero sólo pudo llegar a tres más un cuarto que concluyó un amigo, así que nunca sabremos qué más disparates armó Svejk en el frente, si bien Bertolt Brecht escribió una continuación ambientada en la Segunda Guerra Mundial.


En cualquier caso, la novela original se convirtió en todo un éxito cuando se publicó en Alemania, algo a lo que ayudaron las geniales ilustraciones del artista Josef Lada; al igual que pasó con el Quijote de Gustavo Doré, son las que hoy nos dan la imagen del personaje, repetida en postales, marionetas y souvenirs. Lo cual es curioso por la concomitancia entre ambos protagonistas.

Hay varias cervecerías repartidas por Praga que se decoran o ambientan con este tema, pero la más importante es U Kalicha (El Cáliz) porque en la novela constituye el punto de encuentro de Sveijk con sus amigos antes de ser movilizado. Existe realmente: su dirección es Na Bojisti 12-14, aunque fue reformada para aprovechar la fama. 

Al igual que otros locales europeos de ese tipo, también sirve comidas, en este caso de la gastronomía típica bohemia; su web incluso tiene la carta en español, aunque advierten de que será imposible encontrar mesa sin reserva previa (salvo que se vaya fuera de hora punta). Asimismo, han incorporado una tienda de recuerdos temáticos.

El interior tiene una antesala a manera de pub que da paso a un gran comedor donde se alterna mesas cuadradas normales con otras muy largas, al estilo centroeuropeo, donde los clientes se sientan juntos en bancos corridos aunque no se conozcan; algo parecido a las que aquí se usan en las bodas. En la pared, numerosos grafittis y dibujos relacionados con Svjik, cuya presencia se refuerza con un maniquí a tamaño natural. Y cuidado a la hora de pedir cerveza, que allí sirven unas jarras enormes y tragan una tras otra.

 Fotos: JAF

Comentarios

ovidio campo ha dicho que…
Estuvimos en Praga hace 15 años y por supuesto que fuimos a la cervecería del soldado Sveijk a cenar. Totalmente recomendable.

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