Aveiro: sal, azulejos y moliceiros


Hay en el mundo varias ciudades famosas por asentarse sobre lagunas, de manera que muchas de sus calles son canales que se recorren navegando. Huelga comentar que la más famosa y bonita es Venecia, que da el sobrenombre de Venecia de... a otras como Ámsterdam, Brujas, Estocolmo, etc. En Portugal, ese papel lo ejerce Aveiro.

Para ser exactos, Aveiro creció en torno a una ría que se extiende a lo largo de casi cincuenta kilómetros de litoral -con once de ancho- desde Mira hasta Ovar, separada del mar por una lengua de arena. Una zona formada por arrozales y salinas por la que aún hoy se mueven unas peculiares embarcaciones tradicionales denominadas moliceiros. Se llaman así porque antaño servían para transportar el molico, mezcla de limo y algas que las gentes sacaban de la ría para utilizar como abono en el campo.

Con forma similar a la de las góndolas pero impulsados a vela, los cascos de los moliceiros también se diferencian de los venecianos en que son algo más estilizados, de proas más altas y curvas aunque menos esculpidas; de hecho, sustituyen las formas talladas por el colorido, trocando el sobrio tono negro por un vivísimo cromatismo en el que no faltan, a veces, incluso viñetas pictóricas ilustrando escenas marinas, religiosas, románticas o del tema que se le ocurra al propietario.

Evidentemente, su uso hoy en día es fundamentalmente turístico, pudiéndose dar paseos a bordo de algunos por bastante menos dinero que sus homólogos italianos. Se podrá aducir que los timoneiros no cantan como los gondoleros, pero yo he montado en góndola un par de veces y siempre me acompañó el silencio así que... Por lo demás, el paseo resulta más tranquilo -los canales de Aveiro no tienen el tráfico febril de Venecia- y tan sólo hay que estar atento a la orden del timoneiro para tener cuidado con la cabeza cuando se pasa bajo un puente de poca altura.

El canal Central es el que tiene mayor profundidad y longitud, atravesando la ciudad. De él se desgajan otros como el de San Roque, que separa el casco urbano de las salinas y donde se sitúan desde antaño los carpinteros de ribera. Porque los moliceiros también cargaban sal, una fuente de riqueza que se explota desde el siglo X y a la que se dedica un museo situado en la marina de Troncalhada, junto al Canal de las Pirámides (pirámides de sal, obviamente).

El canal de San Roque se une a la zona pesquera  mediante los muelles dos Boitiroes y dos Mercantéis; porque la pesca también es una actividad importante allí, con industria conservera y todo. Reserven mesa en algún restaurante y casi seguro que no faltarán en la carta el inevitable bacalhau (aunque se está agotando; suele servirse con arroz), los mejillones (en brocheta) y las anguilas (fritas o en escabeche). El barrio Beira-Mar es el mejor exponente de todo ello. Se trata del rincón donde vivían los pescadores, estructurado en torno a la capilla de San Gonçalinho y a la iglesia de la Vera Cruz, y que se puede recorrer en bicicletas municipales; cuando estuve yo eran gratuitas.

Pero un visitante en Aveiro puede encontrar más cosas. Para empezar, el Museo que se ubica en el antiguo monasterio dominico de Jesús, que tiene una de las mejores colecciones de arte religioso de todo Portugal y en cuyo templo está enterrada la princesa Santa Joana, beatificada por hacerse monja renunciando a su posición social.

También hay que destacar varias iglesias: la de la Misericordia, cuya construcción se inició a finales de la época renacentista, coincidiendo con una profunda crisis económica; la de do Carmo, único resto del convento homónimo; y la capilla do Senhor das Barrocas, de planta octogonal.

La decoración con azulejos es una constante en el país y Aveiro no se libra, encontrándose ejemplos por todo el callejero; no en vano se la conoce como la Patria del azulejo. En ese sentido, la ciudad y la región turística de Rota da Luz presumen de una Ruta del Art Nouveau que refleja la alegría vital de la Belle époque y que recorre una treintena de kilómetros descubriendo edificios en las vecinas Ílhavo y, Albergaria-A-Velha, además de la propia Aveiro, que cuenta con una decena de casas de ese estilo: la del Major Pessoa, el museo de la República, la Cooperativa Agrícola, la Residencia del arquitecto Silvio Rocha, el bar del Hotel As Américas, la Sapataria Miguéis, el templete del Parque Municipal, etc.

Por último, si se hartan de tanto recorrido cultural pueden acercarse a la Reserva Natural de las Dunas de San Jacinto, situada al norte de la barra arenosa: más de medio millar de hectáreas de playa continua que se pierde de vista.

Fotos: Marta B.L

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