Tour del Bernabéu: de novena a décima y tiro porque me toca


Con el Real Madrid uno se queda obsoleto enseguida. En el año 2000 aproveché unos días de vacaciones en la capital para hacer el Tour del Bernabéu. No sé si saben lo que es: un recorrido por el estadio que, entonces, permitía contemplarlo en panorámica desde las gradas para luego pasar al museo, ver los trofeos y salir atravesando la tienda (por cierto, recuerdo que una pesadísima azafata se empeñaba en hacerme socio a toda costa sin importarle el hecho de que viva a quinientos kilómetros de Madrid).

Era una iniciativa que se estaba poniendo de moda entre los clubes de fútbol, al menos entre los grandes, para explotar mejor su patrimonio y acercarse al aficionado, dejando atrás la simpleza de vitrinas de madera para ofrecer algo mucho más moderno, con tecnología digital y conceptos diferentes. Porque la obsolescencia a que me refiero no viene marcada por eso sino por dos hechos casi inevitables cuando hablamos de deporte, y más aún del club blanco.

Primero, porque por entonces el Madrid había ganado la ansiada séptima Copa de Europa (la primera bajo denominación Liga de Campeones) e incluso una octava, que exponía con orgullo para deleite de los merengues, que ni se nos pasaba por la cabeza que pronto iban a llegar una novena y , hace una semana, la décima.



Segundo, porque con el apabullante avance de las tendencias museísticas aquel tour se quedó algo anticuado y escaso, pese a ser reciente. De hecho, al año siguiente tuve ocasión de conocer el del Barcelona, en el Nou Camp, y tuve que admitir que era mejor o, al menos, más completo; no en copas, claro, je, je, pero sí en versatilidad: permitía bajar a los vestuarios y a los banquillos, pasear por la banda del terreno de juego, hacerse un foto-montaje -a precio de oro- con imágenes de Puyol o Etoo, subir a la sala de prensa pasando por el palco y la capilla, ver las cabinas de los locutores de radio, retratarse ante la única Copa de Europa que habían ganado hasta entonces señalando un solitario uno con el índice (otra vez je, je)...

En fin, era cuestión de tiempo que el Madrid reformase el suyo y así fue. No una sino varias veces. La última fue inaugurada el pasado 9 de mayo para ofrecer mil metros cuadrados llenos de objetos de la colección (dos centenares, aunque en total hay un cuarto de millón), audiovisuales, efectos especiales, pantallas táctiles y mucha, mucha interactividad.

La guinda del pastel llegó hace una semana en forma de Orejona, la décima ganada al Atlético con sangre, sudor y lágrimas de alegría. Junto con sus predecesoras, se puede contemplar en una sala denominada, con crudo pero real lirismo, Reyes de Europa.

La duda es: si planifico la correspondiente visita al Santiago Bernabéu la próxima vez  que vaya a Madrid, que presumiblemente será este verano, ¿cuánto durará la actualización? A lo mejor el año que viene está allí la undécima y me vuelvo a quedar desfasado. Bueno, lo admito:  ojalá las cosas me salgan así de mal.

Fotos: Real Madrid

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