La cascada de Misol-Ha

No sé si recuerdan a un mercenario que, aislado en medio de una selva centroamericana y acosado por un extratrerrestre muy feo que antes ha estado cazando a sus amigos y le quiere a él también como trofeo, prepara una serie de trampas, se embadurna el cuerpo de barro para escapar a la visión infrarroja del adversario y le desafía con un grito de guerra de ecos casi tarzanescos.

Esa escena corresponde a la película Depredador y su protagonista, interpretado por Arnold Schwarzenegger, se dispone a enfrentarse con su enemigo en un escenario realmente espectacular situado en el estado de Chiapas, en México. Tras conseguir herir al bicho, el mercenario cae a una pequeña laguna alimentada por un bello salto de agua que, en la vida real, constituye uno de los rincones más turísticos del lugar: Misol-Ha.
El depredador, versión 4.0
Se localiza a una veintena de kilómetros de Palenque, así que es un buen sitio para visitar después del recorrido por el sitio arqueológico. También se halla muy cerca otra cascada, la de Agua Azul, llamada así por el tono turquesa que presentan una serie de pozas naturales que la gente aprovecha como piscinas. En realidad, toda la región está salpicada, nunca mejor dicho, de sistemas hídricos similares (las Lagunas de Colores de Montebello, por ejemplo) y cascadas (como Bolón-Hau).

Pero hoy vamos a centrarnos en Misol-Ha, vocablo chol (la etnia maya predominante en Chiapas) que significa "caída de agua". La razón para esa toponimia es obvia: el río homónimo se precipita desde una altura de treinta metros, originando una magnífica estampa y atrayendo así a multitud de curiosos (aparte de alienígenas con afición cinegética). A pesar de la humedad del ambiente, en el que el vapor resultante del choque de agua contra agua se suele ver intensificado por frecuentes lluvias, las cámaras fotográficas suelen echar humo.

De hecho, ni la lluvia ni esa impactante caída contra la superficie disuaden de bañarse a mucha gente, sobre todo niños y jóvenes. Durante mi visita había tormenta y caían rayos como para ambientar la escena cumbre de un remake de la película conmigo de protagonista, pero la gente seguía nadando como si nada; eso sí, el sentido común dicta mantener una distancia prudencial respecto a la cascada, so pena de que la potencia del torrente te rompa la crisma. Y ojo para los que tienen problemas de flotabilidad porque, además, la profundidad alcanza unos veinticinco metros,  pese a que el diámetro ronda los cuarenta).

Vista panorámica desde el lado opuesto
Con todo, seguramente lo más atractivo de Misol-Ha es la posibilidad de pasar bajo la cascada caminando; ya que estamos cinematográficos, como en aquel otro film, El último mohicano. La erosión ha ido excavando la roca del farallón por donde se precipita la corriente, de manera que hay abierto un basto sendero que recorre la parte posterior de la cortina de agua y llega hasta una gruta

Un resbaladizo sendero permite pasar bajo la cortina de agua
Una escalera tallada en la piedra permite bajar y darse una vuelta por allí, siempre procurando no resbalar -me sorprendió no ver a nadie pegándose el castañazo de rigor- y protegiendo la cámara de la más que previsible mojadura. La cueva está inundada, así que quien vaya calzado no podrá adentrarse demasiado; los que tengan fobia a la oscuridad o a los murciélagos, tampoco. No digamos ya a los depredadores.

Fotos: Marta B.L.

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