El esquivo caimán de la madrileña iglesia de San Ginés

Ya hace mucho que no tratamos un tema clásico de este blog de viajes como es el de los cocodrilos. Pues bien, puestos a darle vueltas a la cosa, busquemos el más difícil todavía intentando hallar uno en pleno Madrid.

Ésa era la misión que me propuse en una de las visitas que hice a la capital hace unos años. Los cocodrilos disecados como ornamento decorativo no son una novedad en España, aunque pudiera parecer lo contrario. Aquí mismo, sin ir más lejos, mencioné uno que se encuentra expuesto al público en la Catedral de Sevilla, colgado de una de las bóvedas que rodean el Patio de los Naranjos.

¿Es normal tener un cocodrilo en una iglesia? Pues sí, por lo visto, ya que, entre otras (Sonsoles, Mallorca, Berlanga de Duero, Viso del Marqués, Córdoba...) la madrileña de San Ginés también tenía el suyo. En realidad el templo, situado en el número 13 de la céntrica calle Arenal, no es famoso sólo por eso. Construido en 1645 sobre otro del siglo XII que se vino a bajo por culpa del terreno arenoso que da nombre a la vía, en su interior se exhiben varios cuadros y esculturas cedidas por el Museo del Prado.

También por guardar otro tipo de tesoros: las partidas bautismales de Quevedo y la infanta Catalina Micaela (hija de Felipe II), así como las actas matrimoniales de Lope de Vega y el hijo de Goya, o las de defunción de los artistas Pantoja de la Cruz, Juan de Herrera, entre otros.

Asimismo, la iglesia de San Ginés es el escenario de alguna que otra leyenda fantasmal, en cuyo origen pesó seguramente el hecho de que el atrio de su entrada fue un cementerio y aún se conserva una cripta con cadáveres enterrados. Además, bajo la escalera principal se situaba el crematorio de la Inquisición.

Pero vamos con el cocodrilo. O caimán, para ser exactos. Estaba colocado al pie del altar de la Capilla de la Virgen de los Remedios, actualmente rebautizada como de la Señora del Castillo, situada en una de las naves laterales. ¿Cómo acabó en Madrid aquel pobre bicho? Le perdió el hambre -o la gula- en 1499. Lo cuenta un documento que se conserva en el archivo parroquial, entre los papeles de la Congregación de Nuestra Señora de los Remedios:

En tiempos de los Reyes Católicos, doña Isabel y don Fernando, en uno de los viajes que hizo a Indias Alonso de Montalbán, su Aposentador, cuando volvía a España con otros caballeros, llegaron a Portobelo en busca de alimentos, y por tres veces les acometió un feroz caimán o lagarto marino. Perseguidos por él, saltaron a tierra para matarle, y fueron arrimándose a un árbol, junto al cual le alancearon, y alzando los ojos al cielo dicho Montalbán (...) vieron sobre las ramas de dicho árbol a esta devotísima imagen de Nuestra Señora con gran resplandor y admiración suya, bajáronla de él (...) y condujéronla al barco, experimentando su protección durante el viaje (...)

Otra versión sitúa el suceso en 1522 y dice que el árbol cayó aplastando a la fiera. Y aún hay una tercera más delirante en la que, dentro del tronco, apareció una talla de la Virgen. La misma que Alonso de Montalbán habría llevado a Madrid, aunque la lógica hace pensar más bien que decidió costear una estatua de su salvadora en San Ginés y, a sus pies, debidamente disecado, colocó al reptil como exvoto. Por eso la capilla era conocida popularmente como del Lagarto.

Bueno, pues un día me acerqué hasta allí y me pasé un buen rato revisándola de cabo a rabo en busca del animal, pero sin éxito. Después me enteré de que ya no estaba. Y aunque estuviera era falso; me explico: la iglesia de San Ginés sufrió un incendio en 1824 y las llamas consumieron al caimán junto a otras obras de arte (entre ellas la talla de la Virgen de los Remedios).

En su lugar se puso otro de cartón, que es el que contemplaron los que pudieron, hasta que fue retirado de la vista pública por un párroco con poca iniciativa comercial; de hecho, los sucesivos curas de San Ginés estaban hartos de que les preguntaran por el animal. ¿Qué fue de él? Hay quien dice que está guardado para que no desvíe la atención de los que visitan el templo,  quien cuenta que se halla en proceso de restauración y quien asegura que acabó en un contenedor de basura.

Foto: Marta B.L.

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