El Mar Muerto


A veces, durante los viajes, hay que tomarse un respiro y dejar a un lado las visitas a museos, monumentos, templos y similares para descansar un poco y recuperar fuerzas antes de volver a eso que los nativos suelen denominar con sarcasmo "la dura vida del turista".

Una jornada de playa, una sesión de masaje tradicional, una ruta a caballo, un paseo en falúa... Cosas así, que permitan relajar el programa y, sobre todo, las piernas (para algunos también el cerebro). Pues bien, si se está recorriendo Jordania hay dos posibilidades, dependiendo de la zona en que uno se encuentre. Una es disfrutar de los espléndidos fondos multicolores del Mar Rojo, a los que hay acceso desde el único puerto marítimo del país: Ákaba, ciudad ya muy turística pero fundamental para los aficionados al buceo, sea con botella, sea con snorkel.

La otra, curiosamente, también supone una experiencia playera, sólo que en aguas muy diferentes, opuestas incluso: las del Mar Muerto, cuyo nombre se debe a que tiene un índice de salinidad tan elevado (26% mayor del habitual) que impide que haya vida salvo algunos tipos de bacteria inocua. Como contrapartida, esas sales y el lodo negro que forma el fondo ofrece beneficios terapéuticos, dicen, gracias a su riqueza en minerales (magnesio, potasio, cloruro de calcio... No puede faltar la venta de sales de baño como souvenir), de ahí que toda la ribera esté ocupada por hoteles y balnearios. Para pasar a alguna de las playas hay que hacerlo a través de alguno, pagando por supuesto,  ya que las públicas son exclusivamente para los jordanos.

El Mar Muerto es la masa de agua más baja de la superficie terrestre, respecto al nivel marino normal. Frontera natural con Israel, mide 76 kilómetros de largo por 16 de ancho, se nutre fundamentalmente de las aguas del río Jordán. Y aunque no aporta caudal a ningún curso fluvial tampoco se desborda nunca debido a que lo compensa la altísima evaporación que sufre con el calor estival, la cual enriquece también de minerales el aire de la zona y protege de los rayos del sol haciendo de filtro.

Según las últimas investigaciones, la evaporación ya supera el aporte del Jordán porque el exceso de población ha desviado parte del caudal del río; el resultado es que este peculiar mar se seca a un ritmo de un metro anual, habiendo perdido un tercio de su superficie (ahora tiene 637 kilómetros cuadrados) y pasando su superficie a estar a 423 metros bajo el nivel marino en los años sesenta a los 394 actuales. Para paliarlo, Israel, Jordania y la Autoridad Palestina han firmado un acuerdo -ya ven que es posible- para hacer transvases desde el Mar Rojo y el Lago Tiberíades; muy criticado por algunos, que advierten de la posibilidad de la llegada de algas y de cambios en la composición química.

Precisamente esas características químicas del Mar Muerto son las provocan que el agua tenga un gran peso específico, lo que otorga al sitio su característica más conocida: la flotabilidad. Ningún bañista se hundirá allí por mucho que lo intente. Es típico ver a algunos sentados sobre la superficie leyendo la prensa o algún libro; en mi caso, recuerdo haber probado a tomar sol completamente echado boca arriba, igual que si estuviera en una toalla sobre la arena, sin ningún esfuerzo; como mucho, si pierdes el equilibrio, puedes bascular hacia los lados.

Todo ello no significa que no haya que tener cuidado con algunas cosas. Primero, el fondo marino es fangoso pero erizado con cristales de sal que pinchan las plantas de los pies, por lo que hay que entrar con algún tipo de protección; pero, ojo, porque los pies se hunden profundamente en el lodo y, por ejemplo, yo perdí una de mis chanclas, que allí quedó enterrada para siempre hasta que la saque a la luz algún arqueólogo del futuro (el Mar Muerto está condenado a secarse inexorablemente).


Por más esfuerzos que hice por recuperarla no la encontré y lo único que conseguí fue una conjuntivitis por el efecto de la sal en los ojos. Así que quien tenga alguna pequeña herida ya sabe que toca sufrir un poco. También suele recomendarse no estar demasiado tiempo en el agua porque hay pieles que no aguantan bien esa salinidad y además está caliente.

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