El rocambolesco viaje a Brasil de Toni Kuakman (V)


Toni Kuakman continúa narrándonos su azaroso viaje a Brasil. Después de pasar una odisea en los aeropuertos españoles y brasileños, y tras hacer un maratón por Río en busca de un cajero, tampoco en la mítica playa de Copacabana encontró solaz, así que decide irse al Amazonas.

El viaje hasta Manaos salió bien, por una vez. La primera tarde también. Pero después de cenar cuando me dirigía a mi habitación, pasó lo inevitable: pérdida total de los esfínteres. En algún momento bajé la guardia bebiendo agua no embotellada, tomando fruta sin pelar o comiendo ensalada y, súbitamente, se abrió la espita de una catarata fecal, un tsunami gastroenterítico que en su pringosa turbulencia me arrastró a la habitación con el aspecto de haberme revolcado en un barrizal.

Sin embargo, lo peor llegó avanzada la noche, cuando pensaba que todo había pasado y, en lugar de ello, me desperté chapoteando en una pestilente charca marrón que llegó incluso al colchón. Suerte que había dos camas, pero como no podía permitirme dejar inservible también la otra me dije que a grandes males grandes remedios e improvisé unos pañales con la sábana superior, que se salvó de la infamia gracias a que la había retirado al acostarme, por el calor reinante.

Así pasé mi primera noche amazónica, entre lo ridículo , lo patético y, no lo voy a negar, divertido, pues al pasar ante el espejo del armario y verme reflejado con aquel estrafalario aspecto me dio un ataque de risa de ésos en los que no se puede parar y terminas con dolor de barriga que, sumado a las molestias de la gastroenteritis, me derrotaron definitivamente. Usé pañales cuando era un bebé, seguramente los tendré que usar de viejo y entremedias resulta que también.

Herramientas básicas de supervivencia
En tales condiciones no podía hacer ninguna excursión así que al día siguiente me quedé en el hotel; por suerte había elegido la opción turística en vez de la aventurera, porque pasearme diarreico por la selva, durmiendo en tiendas de campaña y con el bajo vientre bailando samba no parecía un buen plan. Eso sí, el mal sólo duró veinticuatro horas, gracias a los antibióticos que me proporcionaron unos ancianísimos jubilados suecos (luego pensé que quizá ellos hubieran podido prestarme unos pañales de verdad).

Con la mejoría me animé a dar un paseo por la piscina, que era una poza natural. Uno tiende a pensar que dentro de un lodge, sea en Brasil, sea donde sea, se reproducen los esquemas de la civilización, léase electricidad, buena cocina, música, servicios y, sobre todo seguridad, olvidando que, al fin y al cabo, esos lugares están en medio de la selva. Por eso nadie debe extrañarse si explico que, de camino, estuve a punto de pisar una serpiente de color marronáceo (también es casualidad) que, no obstante, logró esquivarme y ocultarse entre la densa vegetación.

Pensaba que el incidente había terminado felizmente para ambos mas, a los pocos minutos noté un cosquilleo en el talón. Pensé que, pese a todo, me había mordido; sin embargo no se apreciaba ninguna marca, lo cual era doble motivo de alegría:  primero, por saber que no había peligro, y segundo, porque así no tenía que ir a Recepción a hacer nuevamente el ridículo tras el incidente nocturno.  Y aunque el hormigueo creció, aguanté heroicamente hasta que empezó a remitir.


El propio Amazonas es una perfecta metáfora de una serpiente
Nunca supe que ocurrió. ¿Me mordió una culebra desdentada? ¿Rocé alguna planta urticante en un jardín donde no debería haberlas? ¿Algún insecto se atrevió a llegar a donde no lo hizo la serpiente? En cualquier caso, días después le pregunté al guía y, para mi pasmo, me dijo que aquella serpiente era de una especie muy venenosa y que si el encuentro con ella llega a ser de noche me hubiera mordido, causándome un grave problema.

Así que ya ven, después de todo tuve algo de suerte en ese viaje. Claro que, en lo que a mí respecta, la verdadera amenaza de la Amazonía no son los ofidios sino los guacamayos. Lean el próximo capítulo y descubrirán el porqué.

Foto 3: WWF Panda

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