El skyline de San Gimignano (y II)

En el último post hablaba del característico skyline de San Gimignano, esa localidad de Italia perfilada por la quincena de espigadas y sobrias  torres que erigieron las familias locales para demostrar su poder. Pero la visita al pueblo es igualmente interesante, sobre todo si no es en temporada alta y se pueden evitar las aglomeraciones de turistas.

La entrada principal es por la Porta San Giovanni (a la izquierda, en la foto), dejando atrás un monumento a los caídos en las dos guerras mundiales, que en esa zona revistieron gran virulencia, y una muralla salpicada de puertas monumentales y torreones circulares. Avanzando por la vía del mismo nombre, se va descubriendo que todo el casco urbano es peatonal y conserva el adoquinado original, con edificios renacentistas a cada lado de la calle alojando tiendas de recuerdos, restaurantes y algún que otro museo curioso, como el de la Tortura.

Así se llega a la Piazza della Cisterna, donde es recomendable la Gelateria di Piazza, no sólo por la calidad  de sus productos, al parecer ganadores de un Campeonato del Mundo de Helados, sino también por las fotos de los famosos que la han visitado. Un buen sitio para degustar esos espléndidos helados, de sabores insólitos, es el aljibe que da nombre al sitio, en cuyo borde se aprecian las marcas que dejó antaño la cadena usada para sacar agua.

Desviándose a la izquierda, otra sugerencia: la iglesia de San Lorenzo in Ponte, donde se puede ver la que fue habitación de Fina di Ciardi, una joven que decidió pasar cinco años de agonía de una enfermedad incurable sobre una tosca tabla de madera; hoy es santa, claro, y en marzo da nombre a una fiesta local en su recuerdo.

Probando los famosos helados de sabores inéditos
Retomando el camino principal seguimos avanzando entre palacios góticos de ventanas bíforas y tríforas, hospitales renacentistas de techos almenados e iglesias recoletas, hasta llegar a otra plaza, la del Duomo. Es un espacio rectangular cerrado por edificios donde se alzan el Palazzo de la Propositura, el Museo de Arte Sacro y la Colegiata, todo ello a la sombra imponente de la Torre Grossa, campanario oficial de la ciudad.

Al sitio le confiere gracia especial el arengo, una balconada para asambleas públicas y discursos de la autoridad. Pero hay que contemplar los frescos del Museo Cívico (Filippino Lippi, Pinturicchio) o la mencionada Colegiata, que presenta el macizo aspecto típico del románico y decoración pictórica de Ghirlandaio. También se puede reseñar el salón donde Dante rubricó la incorporación de San Gimignano a la liga de los Güelfos.


La Piazza del Duomo desde lados opuestos, en unos montajes fotográficos algo expresionistas
 El punto más alto del pueblo es la Rocca, una fortaleza medieval desde cuyas ruinas se obtienen impresionantes panorámicas. Quedaría ver otros importantes frescos, los que firmó Pollaiolo para el templo de San Agustín contando la vida de este santo. En la iglesia hay un museo arqueológico y artístico con restos de especiería, o sea, medicamentos de hace cinco siglos.

Y no me resisto a reseñar una de las cosas más inauditas, actual por cierto: en las inmediaciones de la Rocca han colocado un WC público, una cabina con un panel de mandos que sirve para la cisterna, para el papel, para el secador y para abrir automáticamente una puerta corrediza, estilo película de ciencia ficción, que bien merece probar. Hay que verlo para creerlo.

Fotos: Marta BL.

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