Memorias de África


Karen Blixen en África
Una sugerencia para leer y disfrutar a tope este post: busquen la banda sonora que John Barry compuso para la película Memorias de África (Sidney Pollack, 1985) y pongan su famoso tema principal de fondo. Es lo que hacíamos mentalmente todos los que visitamos el escenario original en Nairobi una fresca mañana de verano hace algunos años. Tópico pero inevitable.

Karen Christenze Dinesen (1885-1962) era una joven de la burguesía acomodada danesa que en 1914 llegó a Kenia, entonces  protectorado británico, siguiendo a su marido y primo sueco, el barón Bror Von Blixen-Finecke. Aquella aventura africana tendría un gusto agridulce para ella. En primer lugar porque llegaron justo cuando estallaba la Primera Guerra Mundial, con lo que su marido se fue al frente para luchar contra los vecinos alemanes del protectorado de Tanganika; ella colaboró transportando suministros.

Pero cuando llegó la paz tampoco le fue mucho mejor: el barón se desentendió de los negocios y de Karen, y pasaba el día cazando en la sabana. Encima acumuló infidelidades y terminó contagiándole la sífilis, la misma enfermedad que había llevado a su padre al suicidio cuando ella era pequeña, así que le pagó con la misma moneda y se buscó un ligue. El matrimonio se rompió así después de ocho años insulsos años.

Pero Karen, que ya era conocida por el apellido de su ex, decidió quedarse en Kenia e intentar sacar adelante la plantación de café que había iniciado con Bror. También en eso fracasó porque la tierra era demasiado ácida. Y tampoco le fue mejor sentimentalmente. De sus amantes, el más especial fue un cazador profesional inglés, culto e individualista, un personaje que parecía creado a la medida de Robert Redford: Dennys Finch-Hutton. En 1930, cuando Finch-Hutton se estrelló con su aeroplano, Karen tiró la toalla definitivamente, hizo el equipaje y regresó a Europa para no volver jamás.

Dennys Finch-hutton y Karen Blixen con un niño keniata
O quizá sí, sólo que con la memoria. Porque si ya antes de casarse había hecho sus pinitos en pintura y literatura, ahora retomó la pluma y, bajo el seudónimo de Isak Dinesen, se convirtió en una escritora de éxito gracias al libro por la que todos la conocen hoy, Memorias de África, donde contaba su experiencia en el continente negro. Ya saben el comienzo: "Yo tenía una granja en África..."

La casa de Mbogani donde vivió, construida en 1912, fue transformada en escuela y luego adquirida por el gobierno de Dinamarca. Éste la restauró y se la cedió a Kenia, que la habilitó como Casa Museo de Karen Blixen, uno de los lugares más frecuentados por los turistas en la capital. Está en Karen Road, a 15 kilómetros del centro-ciudad, en el selecto -y boscoso- barrio homónimo, lleno de centros privados y mansiones rodeadas de cámaras y alambradas.

La Casa Museo Karen Blixen; fachada principal.
Aparte de los viajes organizados, se puede llegar en autobús (nº 24) o taxi, previo regateo con el conductor. Es un edificio de una planta bastante sencillo que tiene porche, chimenea, cuarto de baño, cocina, dormitorio y biblioteca. El mobiliario colonial, fotografías de la vida de Karen, un gramófono y un reloj de cuco dan el toque postvictoriano al conjunto. Alrededor, en un bellísimo y florido jardín, se ven las máquinas de café, pues la fábrica estaba al lado. El conjunto sirvió para rodar los exteriores de la película pero no las escenas de interior porque las estancias resultaban demasiado pequeñas.


La parte trasera de la casa, que da al jardín
Y si alguien quiere completar esa ruta temática puede acercarse hasta las cercanas colinas Ngong, compuestas por cinco picos que los masai consideraban sagrados y denominaban el Puño de Dios. Allí está la tumba de Dennys Finch-Hutton, rodeada por una valla y adornada con un obelisco en el que se lee como epitafio el verso favorito del difunto, de Coleridge: Bien rezó quien amó al Hombre, al pájaro y a la bestia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Foncalada, fuente invocada, fuente olvidada

La Capilla Sixtina: el Juicio Final

Las huellas de la Operación Antropoide en Praga (II)