El mausoleo de Mohamed V


A ver si nos aclaramos porque la cosa puede resultar un poco confusa. Esto que se ve en la foto es el Mausoleo de Mohamed V, que está en Rabat, frente al mar, junto a la desembocadura del río Bu Regreg. Pero los turistas, que se lo suelen atribuir a Hassán II (progenitor del monarca actual), tampoco andan desencaminados. De hecho, ambos, que eran padre e hijo, están enterrados allí junto a otro vástago más, Mulay Abdallah.

Es un lugar abierto, diáfano y bastante amplio (unos 1.500 metros cuadrados) debido a que el solar iba a acoger la mezquita más grande del mundo. Eso fue en el siglo XII y nunca se llegó a hacer: del proyecto quedan la Torre Hassán, que era un alminar gemelo de la Koutubia de Marrakech y se quedó en 44 metros de altura sobre los 60 previstos, y el bosque de columnas que se aprecia en la foto. Poco antes de morir Hassán recuperó la idea y erigió en Casablanca otra descomunal mezquita que es la segunda del planeta

Pero volvamos a la explanada de Rabat. El sitio era lo bastante emblemático como para que Mohamed V, sultán de Marruecos, lo eligiera en 1955 para anunciar públicamente la independencia del país. Por eso también se decidió levantar allí su mausoleo, que es el edificio del fondo en la imagen superior; curiosamente, aunque tiene un claro estilo árabe, con profusa decoración coránica y zellige (mosaicos de azulejo), lo diseñó un arquitecto vietnamita: Eric Vo Toan.

Tardó una década en terminarse y el resultado fue ese cubo de granito y mármol al que remata un tejado a cuatro aguas forrado de azulejos verdes, el color de la casa real alauita. Por dentro es similar a la cripta de Napoleón en Los Inválidos de París: el sarcófago del monarca, de ónix, ocupa el centro de una estancia rodeada de banderas y los visitantes pueden verlo desde una balaustrada superior. Los sepulcros de Hassán II y su hermano están en la misma estancia pero en las esquinas, donde siempre hay un clérigo musulmán recitando versículos.

Lo más divertido, sin duda, es hacerse fotos con los guardias reales que vigilan el recinto vestidos con su uniforme de gala y que muestran una disposición a posar tan simpática como insólita. El de la derecha, como pueden apreciar, es igual que Rascayú.

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