Entre St. Paul y Diana


Acaban de terminar las obras de restauración a que se estaba sometiendo la Catedral de San Pablo, en Londres. Lo cual es la excusa perfecta para continuar, en cierta manera, el post sobre algunos lugares misteriosos de la capital británica.

Porque el gran templo de Inglaterra es uno de los mejores ejemplos del país en cuanto a cristianización de sitios paganos. Supongo que todo el mundo sabrá ya que era costumbre de la Iglesia adaptar la mitología sustituyendo personajes por santos o haciendo coincidir en el calendario sus fiestas con las celebraciones ancestrales. ¿Nadie se ha preguntado a quién diablos -con perdón- se le ocurriría poner una ermita en lo alto de un monte perdido o cómo llegó un dolmen a la cripta de alguna iglesia? Pues la respuesta es ésa: si no puedes vencer a tu enemigo únete a él; si la gente sigue aferrada a sus viejas tradiciones simplemente cámbiales el nombre y que sigan con ellas.

Bueno, pues no es necesario internarse en la Galicia profunda para encontrar ritos esotéricos y supersticiones. Como decía antes, los hay en pleno corazón de Londres, en el templo por excelencia de la Iglesia Anglicana, St. Paul: hasta bien entrado el siglo XX las mujeres tenían la costumbre de abrazar sus pilares para aumentar su fertilidad, por ejemplo.



Para entenderlo debe saberse un dato: la ciudad era uno de los centros más importantes de Britania del culto a la diosa Diana. Luego llegó el cristianismo pero tras la caída de Roma se recuperaron los ritos paganos y la Iglesia se desplazó a Canterbury. El lugar que hoy ocupa la catedral era originalmente la sede de un templo de Diana. Un tal Etelberto de Kent lo destruyó a principios del siglo VII d. C. para hacer una iglesia cristiana que luego sería devorada por un incendio en el año 1081, igual que su sucesora también acabaría calcinada en 1666. El famoso arquitecto Christopher Wren fue el encargado de erigir la catedral actual. Alrededor de la impresionante cúpula colocó cinco tramos de cadenas para doblegar el poder de la diosa.

Ello no impidió que prosiguieran determinadas ceremonias de corte claramente pagano. Hay documentación del siglo XVI que relata el sacrificio de una cabra y un ciervo en el altar mayor, paseándose a continuación sus cabezas por las naves del templo mientras se hacían sonar cuernos, respondidos desde todos los barrios. La escena es inimaginable en la actualidad pero antaño las catedrales tenían usos más variados, acogiendo por ejemplo mercados e incluso paso de ganado por su interior.

Foto: JAF

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