De Sinterklaas a Sint


Cada año, el segundo fin de semana de noviembre, Sinterklaas coge su barco y zarpa de la remota tierra donde vive, España, para viajar hasta Holanda. La nave arriba al puerto de Amsterdam, por cuyos canales se celebra una multitudinaria procesión fluvial en la que al público infantil que abarrota las riberas se le arrojan galletitas de canela (). Luego, la comitiva desembarca y continúa su baño de multitudes en una cabalgata que se va a prolongar a lo largo del mes por hospitales, escuelas, orfanatos y demás. Así hasta la noche del 5 de diciembre, cuando Sint, que es como se le conoce popularmente, sale en su caballo volador a repartir los regalos a los niños acompañado de unos pajes de piel negra llamados Zwarte Piet

Inenarrable. España equivale aquí al Oriente de los Reyes Magos, quizá porque los holandeses la ven exótica, aunque no todo es Canarias o Benidorm. Lo del barco es más gracioso todavía porque se supone que  el entrañable Sinterklaas zarpa desde Madrid, con lo que habrá que cambiarle la letra a la canción  aquella: Aquí sí hay playa.

¿Y qué decir de los grotescos Zwarte Piet? Se atribuye su negritud al hollín de las chimeneas por las que descienden pero, en una versión más prosaica, el origen viene de los ESCLAVOS africanos que tenía el verdadero San Nicolás. Porque una cosa es ser obispo de Mira y santo, y otra no vivir conforme a las costumbres de la época. Hablamos del siglo IV d. C, cuando aún existe el Imperio Romano, aunque cristianizado. Vale que en los Países Bajos no habría muchos negros hasta hace poco y el papel en la fiesta tendría que ser interpretado por blancos teñidos, como pasaba aquí con Baltasar o Aliatar, pero el resultado siempre me pareció ridículo, incluso un tanto inquietante.

Nicolás fue beatificado por los milagros que hacía, entre ellos resucitar algún que otro muerto. Así que los elementos interesantes se van acumulando: sepulturas profanadas, cadáveres que vuelven a la vida, siniestros lacayos oscuros. Con tales antecedentes no extraña que terminara rodándose Sint. Padres y familias piden su retirada por la imagen que da de un Sinterklaas sediento de sangre que asesina niños las noches en que el 5 de noviembre hay luna llena; tras ser descubierto y linchado regresa del más allá para vengarse cada plenilunio decembrino. El film puede confundir a los niños, aducen  los más escandalizados, como dando por hecho que sus hijos irán a verla aunque sea para mayores. Pero lo más criticado es el cartel, donde Sint aparece ataviado con sus ropas de obispo -mitra, capa púrpura, báculo- y un siniestro aspecto de zombi cabalgando entre la nieve ante una gran luna llena.

La pregunta es ¿por qué algunos pueden volver de ultratumba y el pobre Sint no tiene derecho?

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