Esperpentos


Muy a menudo sonreimos con los guiris que pasean por nuestras calles en bermudas, camisas floreadas, sandalias y calcetines verdes; nos burlamos de los nórdicos que dormitan en la playa enrojeciendo como gambas; nos reimos de los teutones que se muevencuales osos intentando bailar flamenco o sevillanas; nos carcajeamos con los yanquis que corren delante de los toros en los encierros como si estuvieran entre simples borregos; y nos descoyuntamos al ver a los japoneses fotografiando hasta su alma y haciéndonos reverencias.

Es natural porque estos tipos suelen ser estrambóticos hasta la extenuación, pero ¿alguna vez pensamos el efecto que producimos nosotros cuando visitamos otros países? ¿Qué piensan en tierras exóticas cuando nos ven aparecer disfrazados de coronel Tapioca? ¿A quién rezan cuando llegan los españoles dando alaridos? ¿Y cuando se ponen a dar palmas rumberas en medio de una plaza?

Pues también se divierten a nuestra costa, evidentemente. Una vez, viajando por Tanzania, nuestro coche pasó junto a una de las típicas tiendas de arte nativo que festonean las carreteras (con perdón) del país. Allí, junto al tenderete donde se exponían máscaras, tambores y similares, un matrimonio sesentón de inconfundible aspecto anglosajón estaba essforzándose, y a fe que ponía todo el empeño, en hacer el ridículo sin complejos. Ella grababa con la videocámara el gran momento en que él, envuelto en una manta nativa tradicional y portando una lanza y un escudo, pegaba saltos estrafalarios tratando de imitar patéticamente a un guerrero maasai en su danza tradicional. Más que un guerrero parecía un canguro de circo con disfraz de clown (ya saben, el tejido rojo de cuadros)

La imagen era esperpéntica, claro, y no hay palabras para describir el cachondeo que se montaron el chófer y el guía con los que viajábamos. Las lágrimas brotaban de sus ojos de pura hilaridad; las mías también, aunque no sé si por la risa o por la lástima de no haber tenido tiempo de fotografiar la escena. La superioridad moral del gran cazador blanco frente al negro africano arruinada en cuestión de segundos.

Podría contar alguna anécdota más en ese sentido. Qué diablos, de hecho lo voy a hacer en el próximo post. Marchando una de catarsis desmitificadora.

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