Scarface


Ahí me tienen, tomando unas copas en la terraza de una tranquila ciudad española llamada Ávila. Me gustan la tranquilidad y la placidez que destilan las tardes al sol en esas poblaciones. Igual que en los cementerios; ah, aquellos camposantos donde yo, cuando debía organizar el funeral de algún amigo -y tuve que hacerlo a menudo- solía poner música clásica. Soy un amante de la música clásica. Sobre todo ópera italiana. Siempre que podía me escapaba a la ópera para oir a Verdi, mi favorito: Aida, Rigoletto, El trovador... Tenía dieciocho guardaespaldas y los que asistían conmigo a las funciones debían hacerlo de rigurosa etiqueta, como debe ser.

También me gusta tomarme una copa de vez en cuando, como en la foto. No hay nada malo en ello y, además, hay que ser agradecidos: yo le debo mi fortuna al alcohol. El día que aquellos puritanos hipócritas lo prohibieron ni se imaginaban que me iban a hacer rico. Luego se rasgaban las vestiduras pero, como dije entonces: "Me limito a satisfacer una necesidad popular". Si alguien duda le recuerdo lo que ponía mi cartilla de exención militar: "Moralidad excelente". Sí señor. Nadie se acuerda de que me gané la popularidad y las simpatías de muchos repartiendo billetes verdes entre los menesterosos, no como otros que no aflojaban la mosca ni a tiros (con perdón), como aquel tacaño de Rockefeller.

¿Otra prueba? Conseguí salir de Alcatraz en menos de siete años por "buena conducta". Faltaría más. ¿Qué pintaba yo allí por fraude fiscal? Comparado con lo que leo estos días en la prensa, un juego de niños. En fin, como no podían probar aquellos quinientos asesinatos... "¡Y el incendio de San Francisco!" recuerdo que le contesté en broma a un periodista cuando me preguntó por ellos. Si contamos que yo tenía a mis órdenes setecientos cincuenta hombres armados, hay que deducir que doscientos cincuenta de ellos estuvieron de adorno.

Bah, para qué recordar aquellos tiempos. Me vendrían a la mente malos recuerdos, como cuando me hicieron esa herida en la cara que me valió aquel mote tan feo. Y lo que quisiera rememorar, como mi Calabria natal, no puedo hacerlo, ya que la dejé con sólo cinco años de edad. Así que ahora toca disfrutar de España. Me llamo Alfonso Capone y, por cierto, no sé quién es ese pesado que se empeñó en hacerse una foto conmigo.


Foto:
Gangs of Ávila, por Marta B. L






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