Wayne, en forma

-No hay diferencia entre el Tiempo y cualesquiera de las tres dimensiones del Espacio, salvo que nuestra conciencia se mueve a lo largo de ellas (...)
-Y usted no puede moverse de ninguna manera en el Tiempo, no puede huir del momento presente.
-Mi querido amigo, en eso es en lo que está usted equivocado. Eso es justamente en lo que el mundo entero se equivoca. Estamos escapando siempre del momento presente.
(La máquina del tiempo, H. G. Wells)

Interesante diálogo, el de los personajes de esta novela de ciencia ficción, una de las pionera del género allá por 1895. Herbert George se identificaba con el Viajero en el Tiempo, y yo, que soy tocayo suyo al fin y al cabo, lo hago también. Es más, yo viajo en el Tiempo, qué coño. Y aquí están las fotos que lo prueban irrefutablemente.



La de arriba fue hecha en Londres. Por allí nos encontramos al Duque, con sus andares patizambos y pesados, ese pequeño revólver que llevaba siempre (o más bien es que él era grande) y la camisa rosa que sólo podía atreverse a vestir alguien que tiene en su tumba como epitafio: "Feo, fuerte y formal".

Aquí, a la izquierda, está la foto que nos sacaron en 1995, cuando los cánones decían que ya llevaba años bajo tierra. Y para más chulería nos la hicimos, durante mis vacaciones, en un bar de La Coruña, donde John Wayne, Marion Robert Morrison, John T. Chance, tío Etham, Guns Donovan, Sean Thornton, John Chisum, el sheriff Rooster o como prefieran llamarlo, estaba a altas horas de la noche comiendo tigres y bebiendo cañas. Que no sólo de whisky vive el Western.


Fotos:
Los tres padrinos... en el Museo de Cera, por Jaime A. F.
Dos cabalgan juntos, por Marta B. L.

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