Un taxi en El Cairo

Hay algo que debe hacer todo turista que viaje hasta El Cairo y quiera vivir una experiencia única.

Claro, pensará inmediatamente cualquier lector; hay actividades para dar y tomar: sufrir claustrofobia en el interior de una pirámide, marearse dando un paseo por el Nilo en falúa, quedar con cara de tonto cuando el dueño de un camello trata de cobrarte el doble de lo pactado al terminar el paseo de dos minutos, ganar una jaqueca de campeonato regateando en el zoco de Khal-El Khalili, enfundarte en una túnica de pies a cabeza (si eres mujer) para poder visitar la Gran Mezquita de Alabastro, quedarse boquiabierto ante los miserables que sólo encuentran vivienda entre las tumbas de la Ciudad de los Muertos (eso sí que son soluciones habitacionales), pagar un sustancioso extra para contemplar las momias del Museo Egipcio, estofarse al calor del desierto en una escapada a Menfis para ver la pirámide escalonada de Zoser...

Pero yo hablo de algo más. De una inyección de adrenalina sin aguja, un viaje alucinante por la quinta dimensión, una vivencia catárquica, vertiginosa y estupefaciente que, además, puede llevarse a cabo solo o en compañía. Y no, no me refiero al hachís. Se trata de coger un taxi.

Suena estúpido, lo sé. Pero quien lo haya probado sabrá a qué me refiero. Primero hay que negociar la tarifa con el conductor. No es lo mismo un pasajero que dos o tres... o cuatro, o cinco o seis. En realidad el número importa sólo por su incidencia sobre el precio, no por la capacidad del vehículo. Una vez alcanzado un acuerdo, que no importará demasiado porque al terminar la carrera el taxista intentará cobrar lo que le dé la gana, llega el momento de acomodarse en el coche. Un simple vistazo por el interior puede servir de prólogo a lo que vendrá después: es muy probable que la tapicería sea de color rojo, que el parabrisas tenga más pegatinas adheridas que cristal disponible, que el salpicadero lleve multitud de chapas, fotos y adornos; casi seguro que los asientos llevarán fundas de piel de leopardo sintético, que una ristra de bombillitas multicolores refulgirán alternándose alrededor de las ventanillas como en un nigth-club y que sonará a todo volumen una ajada cassette con música árabe. En mi caso había además un fuerte olor a incienso.


Taxímetro digital con pantalla de plasma

Todo eso sirve para crear ambiente. Pero la verdadera aventura empieza entonces. El conductor mete la primera y arranca. Luego pasa a segunda, tercera, cuarta... y ya no baja de ahí. Súbitamente, las luces de la calle se alargan como si se estuviera saltando al hiperespacio a bordo del Halcón Milenario. Lanzado a una meteórica carrera el caza, perdón, el taxi adelanta, esquiva, tuerce, gira y, alguna vez, frena (levemente), trazando un enloquecido slalom que obliga al pasajero a cerrar los ojos cada con cambio de ritmo, como en la montañas rusas, y le deja erizado el vello del cogote. La bocina suena constantemente en sustitución de las luces de dirección, que sencillamente no se usan en Egipto; tampoco existe el concepto de preferencia, utilizándose en su lugar el método de meter el morro para que el otro ceda el paso. Los semáforos están de adorno y no hay pasos de cebra, lo que lleva a los peatones a jugarse la vida cruzando de acera con los coches volando a escasos centímetros, igual que los ñúes pasan el río Mara atacados por lo cocodrilos. Hasta los guardias de tráfico son ignominiosamente ignorados: yo ví a uno encogerse de hombros y largarse cabreado al ver que nadie le hacía caso.

De hecho, hace unos años las autoridades intentaron aplicar las normas de forma estricta, revisando el parque automovilístico y poniendo multas. El intento no duró más de un mes, dado que la pobre situación de la mayor parte de los conductores cairotas les hacía imposible pagar la avalancha de sanciones que se les vino encima. Como dejen a la DGT...


Fotos:
El Cairo
Taxímetro cairota

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Yep, ahora cuando tengo en mente justo abrir uno con mi propio tematica cuando tenga ganas me encuentro con que tienes un blog... y todavia mucho que leer tengo XD.

Saludos desde canarias
El tío-abuelo Penradock ha dicho que…
Abre el tuyo también. lo bueno de esto es que hay sitio para todos.

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