El ombligo del mundo


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La Tierra tiene ombligo. Y no está en Inglaterra ni en EEUU, para asombro y frustración de sus habitantes. Tampoco en Rusia aunque, si se busca en Internet, el ombligo se identifica con el cráter minero que está excavándose cerca de Mirna, en Siberia. Pero teniendo en cuenta sus características, 525 metros de profundidad por 1.200 de ancho, y lo lejano del lugar, más que con el ombligo yo lo consideraría el culo del mundo. Lo sé, lo sé es un chiste fácil.

No, el ombligo al que me refiero está en Grecia; fue situado por sus antiguos habitantes en el recinto sagrado de Delfos. Según la mitología, Apolo mató una serpiente que guardaba el lugar para quedarse con su sabiduría (los dioses griegos eran así); luego enterró las cenizas del ofidio bajo una gran piedra encima de la cual levantó un templo en su propio honor (que sí, que eran así), presidiendo desde entonces el más prestigioso oráculo de la Hélade.

Allí sigue, 2.500 años después y convertido en objetivo de las cámaras de los turistas, la curiosa piedra cónica llamada ónfalos. Está localizable al comienzo de la calle del Tesoro de los atenienses y la roca de la Pitia (por cierto esta palabra, sinónima de pitonisa, proviene precisamente de la pobre serpiente defenestrada, una pitón).
¿Qué habrá sido del cordón umbilical?


Fotos:
Delfos, por Jorge A. F, 2007
El ombligo del mundo, por Jorge A. F, 2007

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