La Torre del Conde (I): la ocupación de La Gomahara
Una de las primeras cosas que ve uno cuando desembarca del ferry en el puerto de La Gomera es la figura solitaria y llamativa de la Torre del Conde . Está en el parque homónimo, una pequeña zona de asueto situada frente al mar y con un césped verdísimo sobre el que el monumento parece flotar. Contemplándola allí, batida por el sol y escapando a la sombre a de las palmeras que circundan el sitio, parece increíble que aquel haya sido el escenario de dramáticos momentos siglos atrás, cuando la reposada existencia de los gomeros se vio alterada por la llegada de aquellas enormes canoas a vela y sus extraños ocupantes que, embutidos en corazas, reclamaban la propiedad de sus tierras en nombre de un lejano rey. Probablemente los aborígenes ignorasen que su propio origen no era autóctono , tal cual pasaba con sus vecinos de las otras islas: los guanches tinerfeños, los bimbaches de La Palma, los canarios de Gran Canaria, los majos de Fuerteventura... Todos venían de fuera,...