La Torre del Conde (I): la ocupación de La Gomahara

Una de las primeras cosas que ve uno cuando desembarca del ferry en el puerto de La Gomera es la figura solitaria y llamativa de la Torre del Conde. Está en el parque homónimo, una pequeña zona de asueto situada frente al mar y con un césped verdísimo sobre el que el monumento parece flotar. Contemplándola allí, batida por el sol y escapando a la sombre a de las palmeras que circundan el sitio, parece increíble que aquel haya sido el escenario de dramáticos momentos siglos atrás, cuando la reposada existencia de los gomeros se vio alterada por la llegada de aquellas enormes canoas a vela y sus extraños ocupantes que, embutidos en corazas, reclamaban la propiedad de sus tierras en nombre de un lejano rey.


Probablemente los aborígenes ignorasen que su propio origen no era autóctono, tal cual pasaba con sus vecinos de las otras islas: los guanches tinerfeños, los bimbaches de La Palma, los canarios de Gran Canaria, los majos de Fuerteventura... Todos venían de fuera, aunque hoy se siga sin tener claro su origen exacto. Los haplotipos analizados en su ADN coinciden parcialmente con homólogos del Magreb pero sin determinar la procedencia del único haplogrupo común a todos los canarios, el llamado U6b1; no obstante, existe cierto consenso en asimilarlos a pueblos bereberes, con los que guardan similitudes culturales y lingüísticas, a despecho del sinfín de teorías alternativas o complementarias que incluyen deportaciones romanas y colonización fenicia, sin contar otras más estrambóticas como la de la Atlántida. Sea como fuere, no hay registro arqueológico anterior al siglo V d.C.

La Gomahara, como se la llamaba entonces y que coincide nominalmente con una región del norte de Marruecos, estaba dividida en cuatro cantones llamados Agana, Orone, Mulagua e Hipalan, que coincidían con los actuales valles de Vallehermoso, Gran Rey, Hermigua y San Sebastián respectivamente. Los expertos discuten si se trataba de una sociedad matriarcal, dado que era la mujer la que aseguraba la transmisión del poder real, de la herencia y del parentesco. En cualquier caso, la institución más básica y singular de su estructura social era el conocido como pacto de colactación, una alianza acordada ritualmente bebiendo leche de un gánigo (cuenco de arcilla), tal cual se hacía también en los enlaces matrimoniales.

Maqueta de La Gomera que muestra su abrupta orografía

Por lo demás, los gomeros vivían de la ganadería fundamentalmente, tarea que ocupaba a los hombres mientras las mujeres se dedicaban a una labor menor como la agricultura. La pesca y el marisqueo eran complementos lógicos en un territorio insular, tal como revelan los grandes concheros encontrados. Es probable que fueran pescadores los primeros que vieron aparecer en el horizonte el estandarte cuartelado de Castilla hacia el año 1404, aunque hay noticias de una expedición anterior enviada por Alfonso IV de Aragón en el siglo XII. No obstante, apenas se trató de unas leves tomas de contacto sin consecuencias, ya que los intrusos llevaban dos años centrados en la conquista de Lanzarote y Fuerteventura: eran las tropas del noble francés Jean de Bethencourt, quien inicialmente trataba de asentar en la isla colonos franceses y más tarde continuó su aventura en otros sitios del archipiélago pero en nombre de la corona castellana, que al final fue la que heredó los derechos de conquista cuando él decidió retirarse.

No fue hasta 1445 que llegaron las naos a la costa gomera. Al frente estaba Hernán Peraza el Viejo, un hidalgo sevillano que dejó atrás sus olivares para embarcarse en la aventura conquistadora que impregnaba irremisiblemente a los habitantes de la Península Ibérica después de siete siglos practicándola contra los musulmanes. Peraza, que recibió el señorío de Fuerteventura como dote de su mujer al casarse, permutó luego una hacienda de su propiedad con un pariente a cambio de los derechos sobre el resto del archipiélago. Desde su base majorera realizaba incursiones a las otras islas en busca de esclavos hasta que llevó a cabo una campaña más en serio y consiguió adueñarse de El Hierro. Su siguiente objetivo era La Gomera.

Naves del siglo XV

En 1450 arribó al litoral de Orone, estableciendo un pacto de colactación con su rey. Era necesario porque los otros cantones tenían como aliados a los portugueses desde hacía décadas y parecía inevitable el choque. Así fue cómo decidió construir un fortín que sirviera de bastión principal para todas las operaciones y protegiera la pequeña bahía que se usaba para desembarcar, un recurso utilizado también en las campañas por otras islas. Y, en efecto, se vio obligado a enfrentarse a tropas lusas durante los siguientes dos años, al término de los cuales le sorprendió la muerte. Fue en la recién fundada villa insular de San Sebastián, entonces llamada Villa de las Palmas por el palmeral que había frente al recién construido puerto, el mismo donde recalarían las naves de Cristóbal Colón durante su primer viaje, antes de lanzarse a la odisea transoceánica.

La Casa Museo Colón, donde se supone que se hospedó el navegante

De aquella localidad primigenia queda poco porque, en realidad, tampoco había mucho: un par de edificios que la tradición relaciona con Colón (la iglesia de la Virgen de la Asunción, donde habría rezado alguna vez, y la casa en la que se habría alojado, que está en la misma calle), el pozo de la aduana (donde se abastecieron los barriles de las carabelas y en la que se puede leer una bella inscripción dice que con su agua fue bautizada América) y la ermita de San Sebastián, la más antigua de la isla.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Si hablamos de la fortaleza levantada por Peraza queda menos aún: sólo la citada Torre del Conde, de estilo gótico tardío y cuya función era tanto defensiva como representativa del poder señorial. Carece de troneras para los cañones, lo que indica que o no había artillería o ésta se colocaba en otras probables estructuras hoy desaparecidas. Por supuesto, cuando visité La Gomera no perdí ocasión de acercarme a verla de cerca. Lo veremos en el próximo artículo junto con el episodio bélico para el que sirvió de escenario, la llamada Rebelión de los Gomeros.

[CONTINUARÁ]

Fotos: JAF


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