Lamu Town, Patrimonio de la Humanidad

Sigamos hablando de Lamu, el archipiélago de Kenia en el océano Índico, paraíso de swahilis, burros y famosos, no necesariamente por ese orden.

El islamismo se respira en ese lugar. Casi una treintena de mezquitas en tan poco espacio lo atestigüan y, de hecho, hay quien dice que visitar la isla durante la fiesta musulmana de Maulidi equivale a viajar a La Meca. Pero ese poso árabe ha quedado también en la arquitectura, con buena parte de los edificios erigida entre los siglos  XII y XVIII.

La terraza del Hotel Lamu House
De hecho, hoy varios hoteles son casas swahilis rehabilitadas, espléndidas y sencillas al mismo tiempo. Yo estuve en una llamada Lamu House, restaurada por un arquitecto español y dirigida por un belga. Eran cuatro habitaciones atendidas por un mayordomo, una pequeña piscina encajada en un patio no mucho más grande, paredes de estuco llenas de hornacinas en las que reposan antigüedades, terraza con hamacas y camas típicas de madera labrada, con cuatro altísimas patas y cubiertas con mosquitera.

La habitación vista desde la escalera
Mención aparte para las puertas, sean interiores o exteriores que se ven por todo  Lamu y que constituyen el auténtico emblema del lugar. Ricamente talladas, con remaches forjados y marcos de coral, de ellas se cuentan leyendas como que eran lo primero que se construía de la vivienda o que tenían vida propia, siendo una hoja masculina y la otra femenina (todas son dobles).

Cediendo el paso al burro
 También es típicamente árabe que el casco de Lamu Town sea un laberinto de callejones, tan estrechos que por algunos no pasan dos personas simultáneamente (y si alguien llega en burro hay que meterse en un portal para dejarle sitio). Los hacían así para que queden a la sombra y refrescar no sólo a los viandantes sino también las casas, gracias a la canalización de corrientes de aire. Entre eso y que no tienen nombre es fácil perderse, aunque al ser un sitio pequeño (diez mil habitantes) la cosa no pasa a mayores. Se aprecia claramente en el plano que vemos al principio del post.

La avenida principal, que une el puerto con el viejo fuerte, es la única identificada (Kanyatta Road) junto con el arenoso paseo del malecón denominado Harambe Avenue, donde se mecen las barcas que los nativos bautizan y adornan con nombres y banderas de clubes de fútbol, ingleses sobre todo. En esas dos vías se concentra la vida diaria: comercio, restaurantes, talleres de artesanos y museos. De éstos hay tres, uno de ellos dedicado a la cultura swahili, otro a la ciudad y el tercero es el propio fuerte, que durante un tiempo sirvió también de prisión y hoy es refugio de murciélagos, a los que se permite vivir allí sin problemas porque se comen a los mosquitos.

Mercado en la plaza principal, delante del fuerte
En el ajetreo que reina entre burros, carros, puestos de fruta y grupos de nativos, unos ataviados con el típico faldón local llamado kikoi y otros con camisetas y pantalones vaqueros, pululan orgullosos ancianos con turbante y bastón, mujeres cubiertas hasta los ojos en su hiqab, montones de niños, un reducido puñado de turistas y algún que otro masai vendiendo collares. Todo ello ambientado por el caos ruidoso del regateo en el zoco y las llamadas a la oración del muecín. 

La indescriptible ambulancia de Lamu Town
Un paseo por la mañana te puede hacer descubrir un solar dedicado a albergar algo sorprendente (cientos de herrumbrosas cabinas telefónicas, ya obsoletas), el único vehículo motorizado del lugar (una vieja camioneta de tres ruedas que sirve de ambulancia) o toparte con un tipo con más cara que un saco de euros que te pide dinero para alimentar a sus gatos (una familia de famélicos mininos callejeros que, evidentemente, nunca llegó a probar esa comida).

En fin, todo esto es Lamu. Patrimonio de la Humanidad desde 2001.

Fotos: JAF y Marta BL.

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