Castel Nuovo, la residencia real de Nápoles


Hasta hace poco, un español debía sentarse en Nápoles como en casa. En realidad, de Italia no sólo  esa ciudad sino también otras, especialmente del norte, que tuvieron una estrecha relación con nuestro país por su posición estratégica; Génova, por ejemplo, era el punto de concentración de tropas y salida del llamado Camino Español, la ruta que seguían los Tercios hacia Flandes. Pero muchos de esos contingentes llegaban precisamente desde Nápoles.

Alfonso el Magnánimo
La capital de la sureña región de Campania quedó definitivamente ligada a España desde que Alfonso V el Magnánimo, monarca de Aragón, acudiera en ayuda de Juana II (Giovanna de Durazzo), dado el asedio que sufría por parte de Luis III de Anjou, quien reclamaba su derecho al trono. Juana nombró a Alfonso heredero pero luego tendrían sus diferencias y los aliados se convirtieron en enemigos, con el aragonés obligado a refugiarse en Castel Nuovo hasta que la llegada de su flota le permitió tomar el reino y echar a Juana. Luego pasaron más cosas, claro, pero a lo que voy es a que Nápoles quedó vinculado a la Corona Aragonesa desde entonces en la persona del hijo de Alfonso, Ferrante. Hablo de la primera mitad del siglo XV.

En esa brevísima síntesis ya vemos que ha salido el nombre de Castel Nuovo. Se trata, como se puede deducir semánticamente, de un macizo castillo que se llamó Nuevo porque ya había otros dos -el Castel dell'Ovo y el Castel Capuano- -aunque también se lo conoce como Maschio Angioino. Se alza en el puerto napolitano y empezó a edificarse bajo la dirección del arquitecto Piere de Chaule a partir del año 1279 por orden de Carlos de Anjou para servir de corte real, ya que de aquella se trasladó allí la capital del Reino de Nápoles, hasta entonces en Palermo.  Terminado en 1283, el rey Carlos II fue quien le dio importancia tras el período de abandono a causa de las llamadas Vísperas Sicilianas (una masacre de franceses llevada a cabo en Sicilia el año anterior y que supuso la sustitución de la influencia gala por la aragonesa, cuando Pedro III de Aragón reclamó el trono como heredero de su mujer). Después experimentaría, como suele pasar, una serie de reformas sucesivas -la más importante a cargo del mencionado Alfonso V, para adaptarlo a los avances de la arquitectura militar de la época y resistir andanadas de artillería-, al igual que tuvo que sufrir más de un asedio e incluso saqueo (en 1494, por el francés Carlos VIII).

Las Vísperas Sicilianas
A lo largo de su historia, Castel Nuovo fue escenario de diversos acontecimientos, algunos especialmente notables como el haber albergado a dos de los grandes maestros del Renacimiento, Dante Allighieri y Petrarca. Otros de carácter más político, caso de la abdicación en 1294 del papa Celestino V (a los cinco meses de su nombramiento, para poder retomar su vida anterior de ermitaño). Y los más conocidos los bélicos, como el saqueo a que lo sometió Luis I de Hungría en 1347 (para vengar la muerte de su hermano Andrés, rey consorte de Nápoles) y los ataques que sufrió durante las dos guerras que enfrentaron a franceses y españoles: en la primera bombardeado por las tropas de Carlos VIII y en la segunda por Pedro Navarro, quien conquistó la ciudad dos semanas después de que el Gran Capitán venciese en Ceriñola pero que, al atrincherarse los galos en el castillo, tuvo que someterlo a un asedio hasta que logró tomarlo tres meses más tarde volando sus almenas con dinamita.



A partir de ahí, Nápoles quedó bajo la órbita hispana. De allí era rey Carlos III antes de venir a España a asumir la corona que dejó al morir sin hijos su hermano Fernando VI. En Nápoles reinaba con el nombre de Carlos VII y realizó una importante labor urbanística y cultural, auténtico prefacio de lo que luego pondría en práctica en su nuevo reino; del sur de Italia se trajo a colaboradores como por ejemplo Leopoldo de Gregorio (el futuro marqués de Esquilache), Francesco Sabatini (su arquitecto de cabecera) o Giovanni Battista Tiépolo (pintor del Palacio Real), y él mismo impulsó las primeras excavaciones arqueológicas en Pompeya y Herculano. Sin embargo, el soberano prefirió instalar su corte en el Palazzo Reale que se encuentra en la vecina Plaza del Plebiscito.


Carlos III
Castel Nuovo sigue hoy en el puerto, frente a la Plaza del Municipio, dominando el entorno. Sigue siendo una mole de aspecto compacto, con planta trapezoidal, foso y cinco gruesos torreones de piedra ennegrecida cada uno de los cuales tiene su propio nombre: Torre dell'Oro, Torre di Guardia, Torre di Mezzo, Torre di San Giorgio y Torre del Beverello. Entre ellos se encajan las murallas, dotadas de adarves cubiertos, y una bonita aunque estrecha fachada que, en realidad, es un raro y espigado arco de triunfo.

Se trata del Arco d'Aragona (Arco de Aragón), construido en 1443 por el escultor Francesco Laurana para honrar la entrada del rey Alfonso en lo que suponía la creación del Reino de las Dos Sicilias. Su visión de lejos, encajado entre dos gruesos torreones y contrastando su inmaculado color blanco con el oscuro de la basta piedra de los flancos, puede resultar intrascendente; pero si uno se acerca descubrirá la belleza de su decoración, llena de relieves, blasones heráldicos, columnas adosadas, nichos, balcones y otros elementos estilísticos, atribuidos al escultor italiano Francesco Laurana. Por cierto, parece ser que el mármol procedía de Mallorca.


El Arco de Aragón

El interior, pese a haber sido residencia real, es bastante sobrio. Por supuesto, no falta una buena colección de pinturas al fresco, esculturas y orfebrería, pero incluso los rincones más vistosos (Capilla Palatina, Sala dei Baroni) revelan su marcado carácter guerrero, severo y desnudo. Como suele pasar con la arquitectura militar de época, el sitio acoge ahora sedes de instituciones culturales y, así, allí tienen su sede el Museo Cívico y la Biblioteca de la Sociedad de Historia Napolitana. Aún me queda una visita pendiente porque la otra vez no pude ver el castillo como quería, al tener que embarcar hacia Capri.

 Foto: JAF


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