Santander y las naves de Vital Alsar



"La fe es la barca pero solo los remos de la voluntad la llevan" (Vital Alsar)

Uno de los rincones más singulares de Santander es la península de la Magdalena, acaso el icono más reconocible e identificativo de la ciudad y donde se alza el famoso palacio con aspecto de mansión encantada, lamentablemente más célebre por ser la localización de rodaje de la serie televisiva Gran Hotel que por su uso para los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo

La península de La Magdalena reúne unos cuantos atractivos (zoom)

Pero no es de ese edificio del que iba a hablar sino del llamado Museo del Mar que hay un poco antes. Una terraza asomada al acantilado, batida por vientos y olas, en la que llama la atención el perfil de tres naos alineadas proa al Cantábrico. Fueron las embarcaciones utilizadas por el marino santanderino Vital Alsar Ramírez, del que seguramente nunca habrán oído hablar, en sus aventuras por el océano Pacífico. Alsar, aclaremos, no fue un explorador, descubridor ni conquistador de los tiempos gloriosos de las Indias, ya que nació en 1933. Pero se le puede considerar la versión española de Thor Heyerdahl, aquel noruego que se empeñó en viajar desde América a la Polinesia en una balsa llamada Kon Tiki y construida con técnicas indígenas para "demostrar" que los nativos sudamericanos pudieron haber colonizado esas islas. La genética probó que se equivocaba pero eso fue después y Alsar ya se había quedado enamorado de la idea.

Vital Alsar en una foto de la eṕoca aventurera
Así, en 1966 intentó un primer periplo zarpando de Ecuador (¡al día siguiente de casarse!) con el objetivo de alcanzar Australia. No pudo;  el teredo, un gusano xilófago, se dio un festín con su balsa La Pacífica, hecha por los indios huancavilcas, y únicamente llegó a navegar cinco meses, debiendo abandonar. Lo consiguió a la segunda, en 1970, con otra balsa con la que viajó de Guayaquil a Mooloolaba -en compañía de cuatro tripulantes- en sólo ciento sesenta y un días, en lo que constituye el récord mundial de travesía más larga en ese tipo de embarcación. Todavía volvería a probar en 1973 con un trío de balsas aprovechando la corriente de Humboldt enlazando de nuevo ambos países.


Dos imágenes de La Balsa, la embarcación nativa en la que Alsar y otros 4 tripulantes navegaron durante 161 días entre Guayaquil y Mooloolaba

Insistió en un asunto parecido en 1980 pero trocando las balsas por una especie de bergantines, construidos en plena selva, para realizar la misma ruta que abriera Francisco de Orellana cuatro siglos antes, en aquella expedición que dirigió Gonzalo Pizarro (el hermano del conquistador del Perú). Orellana fue enviado por el río Marañón en busca de víveres y ya no pudo -o no quiso, no está del todo claro- remontar la fuerte corriente de vuelta, de manera que siguió adelante en una odisea que le llevó a atravesar el Amazonas hasta su desembocadura en el Atlántico. Alsar llegó a Belem do Pará, en Brasil.

Los tres bergantines de la ruta de Orellana

Placa de bronce que representa los viajes de Alsar por el Pacífico y el Atlántico

En 1987 montó una quinta empresa bautizada como La Marigalante, en honor a la nao que replica sui generis a la Santa María (nombre con que se rebautizó la original). Ésta era propiedad de Juan de la Cosa, otro cántabro pero de Santoña, ciudad a la que llegó el barco tras salir de México. La Marigalante realizó varias singladuras más por el globo en representación de España, como por ejemplo durante el V Centenario del Descubrimiento de América, aunque, a menudo, Alsa solía enarbolar una inmaculada y pacifista bandera blanca.


El mascarón de proa de la nao Marigalante

Su mascarón de proa, que representa una sirena de bronce, se exhibe ahora al aire libre al frente del trío de naves en la citada península de La Magdalena. Al lado también se puede ver la balsa de su segunda y exitosa aventura. Y detrás está la Burbuja de Mar, una cápsula de salvamento diseñada para socorrer náufragos que se puso a prueba en una de las expediciones.



La Burbuja de Mar, por fuera y por dentro

Fotos: Marta B.L. y JAF

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