Barcelona judía


Es curioso lo que pueden cambiar las cosas en relativamente poco tiempo. La última vez que estuve en Barcelona visité Montjuic para ver, entre otras muchas cosas, el castillo y el Museo Militar; este último ha sido trasladado a Figueras, por lo que supongo que con él se habrán ido los cañones que ambientaban el recinto.

Anexa al Museo Militar había una interesante sección arqueológica dedicada al pueblo que da nombre a la montaña. En efecto, parece ser que Montjuic quiere decir Monte de los judíos, en alusión al cementerio hebreo que hay en la ladera noreste, asomada al mar, donde se ubicaba también la judería.

La necrópolis fue descubierta en 1898 durante las obras de instalación de una batería costera, pero ya se tenía idea de su localización desde el siglo XVII e incluso hay referencias documentales del X. El caso es que los trabajos arqueológicos, terminados en 2001, sacaron a la luz unas setecientas tumbas -muchas con interesantes lápidas inscritas-, lo que significa que el cementerio judío de Barcelona es probablemente el más grande del área mediterránea occidental.

No se sabe a ciencia cierta cuándo llegaron los judíos allí. En 1492, ante el edicto de expulsión de los Reyes Católicos, adujeron que llevaban en el lugar desde la época de Salomón, por lo que no podían haber participado en la muerte de Cristo. Sin embargo, aparte de que fue inútil, no es probable y seguramente llegaron con la diáspora a que les forzó el emperador Tito tras destruir Jerusalén. Los primeros documentos que hablan de judíos en Barcelona son del siglo IV.

Se sabe que ya estaban instalados intramuros durante la dominación musulmana, progresando económicamente gracias a los créditos que concedían a condes y monarcas (aunque también solían dedicarse a profesiones artesanas y científicas). Ese núcleo urbano (parece que había otro rural) compuesto por dos centenares de familias, que derivó en la Aljama, estaba en el Call del actual Barrio Gótico, rodeado desde tiempos de Jaime I por un muro que era más protegerles que para segregarles: los progomos empezaron en Gerona en 1282, si bien se seguían admitiendo judíos que huían de persecuciones en el resto de Europa. Pero las matanzas llegaron aquí también y en 1391 los barceloneses cristianos asaltaron el Call y el castillo, donde se habían refugiado sus habitantes, durante dos días.

Entre los cientos de muertos y las conversiones, apenas quedaron hebreos en la ciudad condal. Los supervivientes se instalaron en la calle Volta des Jeus hasta su definitiva expulsión posterior. El primer auto de fe, celebrado en Barcelona en 1487, decidió a los que aún dudaban, marchando a Tesalónica y Alejandría. La Sinagoga Menor -había otras- pasó a ser la Iglesia de la Trinidad, la calle donde se ubicaba se rebautizo Sant Doménec y muchas lápidas de mármol del cementerio de Montjuic se expoliaron para el palacio de la Generalitat.


La comunidad judía actual llegó en 1869 al amparo de la libertad de cultos que supuso la Gloriosa, la revolución del año anterior. Los restos de la Sinagoga Mayor, que fue destruida por un incendio en los sucesos de 1391  es actualmente la Sinagoga Shlomo Ben Adret (nombre del rabino y prestamista de Jaime el Conquistador), sede de la Associació Call de Barcelona.

Foto 1: Malik Shabazz en Wikimedia
Foto 2: Nikodem Nijaki en Wikimedia

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