Un carillón frente al Palace



Todavía colea el falso vídeo sobre el 23-F, titulado Operación Palace en referencia al establecimiento que se alza ante el Congreso de los Diputados y donde, según el corto, se habría filmado la mascarada. Aunque ésta es pura ficción, en realidad, el Hotel Palace sí que fue el lugar elegido como base de operaciones para policía, militares, periodistas, subsecretarios  y todos aquellos que tuvieron que seguir de cerca el intento de golpe de estado de 1981, dada su vecindad respecto al lugar de los hechos. 

El hotel tiene una cara más amable, aparte de la que ofrezcan sus exquisitos servicios para aquellos que puedan o quieran pagarlos. Y no me refiero sólo a su historia anterior, que no sé si conocen: fundado a iniciativa de Alfonso XIII, que quería que Madrid contara con un buen sitio para alojar a las personalidades que visitaban España, fue inaugurado en 1912 incorporando algunas de las últimas modernidades, como teléfono e inodoros en las habitaciones (hasta entonces lo normal era que hubiera sólo uno por piso; inodoro, quiero decir).

El Palace no sólo tuvo un uso excepcional en 1981. También durante la Guerra Civil, cuando se habilitó como hospital de sangre; antes, durante algo más de un mes, su planta inferior había acogido la Embajada de la URSS. Luego retornó a su función verdadera y se abrió una nueva época de auge, hospedando a celebrities del momento.

Pero hablaba de caras amables. Cinco, para ser exactos. Porque, aunque no todos puedan disfrutar de una estancia en sus suites, sí hay una parte del Palace al alcance de cualquiera, bar aparte. Para ello, sólo hay que pasar por delante, concretamente por la esquina entre la Plaza de las Cortes y la Calle del Duque de Medinaceli, a determinadas horas: las doce del mediodía, las tres de la tarde y las ocho de la tarde-noche (en Navidades también a las siete de la tarde y las nueve, más un horario especial a medianoche los días 24 y 31 de Diciembre).

Elevando la vista hacia la fachada del edificio de al lado, llamado Plus Ultra y que es sede de una compañía de seguros, se podrá observar, bajo un balcón, dos hileras de campanillas (dieciocho unidades en total) flanqueando un vano coronado por la esfera de un reloj, que empiezan a repicar mientras éste se abre, dejando paso a una serie de figurillas que representan tipos goyescos. Concretamente, los cinco que decía antes: Carlos III, la duquesa de Alba con un perro, el torero Pedro Romero vestido de luces, una típica manola madrileña y el propio Goya.

Los personajes, policromados y de aspecto caricaturesco, fueron diseñados por el fallecido dibujante Antonio Mingote y se mueven mecánicamente mientras el reloj da las horas. Porque se trata de un carillón, claro, similar a los que hay en otras ciudades europeas salvo en que éste es reciente, inaugurado en 1993 por la infanta Pilar de Borbón. La pega es que por ahí constituyen una atracción turística de referencia mientras que aquí pasa desapercibido porque no se promociona. 

El reloj madrileño fue fabricado por una empresa holandesa y no es el único con que cuenta la capital, ya que en la Calle de la Sal, cerca de la Plaza Mayor, hay otro parecido, también obra de Mingote, que representa a un relojero.

Fotos: Marta B.L.

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