Lago Titicaca, el otro origen del Hombre


No debería ser una sorpresa la notica del reciente hallazgo de un tesoro sumergido en el lago Titicaca, junto a la Isla del Sol, en la parte boliviana. Se han sacado dos millares de piezas incas y preincas de oro, plata, cerámica y piedra en una primera campaña del llamado Proyecto Huiñaimarca. 

El caso es que ese rincón del mundo ubicado entre Perú y Bolivia debería centrar la atención de los arqueólogos, puesto es muy especial. Primero, por sus singulares características físicas , ya que se trata del lago navegable situado a mayor altitud del mundo, 3.820 metros, constituyendo la única gran masa de agua de los Andes con 8.562 kilómetros cuadrados. Un sitio de profundidad irregular, con unos sitios donde prácticamente se hace pie y otros donde alcanza los 284 metros.

Originalmente era de agua salada, pues nació del mismo empuje tectónico que dio lugar a la cordillera (aún se encuentras conchas marinas en los alrededores), pero hace unos tres mil seiscientos años el agua se volvió dulce, fruto de los aportes fluviales y la evaporación.

Viracocha, no muy favorecido
Hablando de nacer, se da la circunstancia de que en el lago Titicaca se sitúa la historia primigenia del Hombre, según la mitología indígena. Hay mitos fundacionales que se repiten en toda la Tierra y uno de ellos es el del diluvio. Aunque, como suele pasar, hay varias versiones, cuenta la leyenda que Viracocha, el dios creador del mundo, alumbró a los primeros hombres en forma de gigantes de piedra a los que dio vida. 

Pero como se negaron a trabajar y empezaron a luchar entre sí (ya empezamos, que diría Forges) los transformó en meras estatuas, las mismas que hoy se pueden ver en Tihuanaco, por ejemplo. Bueno, sólo a algunos, porque a los demás los ahogó enviándoles una gran inundación de la que el Titicaca sería un resto. Únicamente salvó a dos, con los que modeló una nueva raza humana.

El problema es que no había luz y Viracocha quería solazarse viendo su obra, así que se sumergió en el lago y de allí sacó al sol y a la luna. Tampoco los astros se libraban de rencillas: como de aquélla la segunda iluminaba más, el celoso sol le lanzó un puñado de ceniza y desde entonces él es el astro rey.


Otra leyenda dice que el altiplano estaba habitado por un pueblo soberbio  y arrogante que se consideraba casi divino. Un día llegaron unos indios miserables que profetizaron su destrucción por las fuerzas de la Naturaleza. Nadie les creyó excepto unos sacerdotes que, por si acaso, se fueron a vivir a un templo de las montañas., tal cual pasa en las películas de catástrofes de Hollywood.

Las fuerzas llegaron: terremotos, inundaciones, incendios y toda clase de cataclismos arrasaron el lugar y sólo sobrevivió el humilde rincón donde se habían refugiado los sacerdotes, como una versión americana del Arca de Noé. Ese sitio se identifica tradicionalmente con la Isla del Sol, una de las treinta y seis que hay en el lago.

La Isla del Sol también es escenario primigenio de un tercer mito, el de la fundación de Cuzco, si bien de ese hecho existen varias versiones. Ésta cuenta que en los primeros tiempos, la gente vivía en un estado primitivo, sin casas ni arados ni creencias, limitándose a sobrevivir, habitando precariamente en cuevas y protegiéndose del frío con pieles.

Máscara representando a Inti, dios sol

Compadeciéndose de ellos, Inti, el dios sol, envió a su hijo Manco Cápac y a su hija Mama Ocllo para enseñarles. Pero antes les entregó una vara de oro, indicándoles que allá donde la clavaran, consiguiendo penetrar la dura tierra, deberían levantar una ciudad y un templo en su honor. Luego los dejó en la citada isla para que emprendieran su misión.

Marcharon hacia el norte sin conseguir clavar la vara hasta que llegaron a un valle llamado Huanacaure, donde finalmente lograron hendirla en la tierra. Allí reunieron a todas las gentes, instruyéndolas en la agricultura, la artesanía, la religión, etc, dando lugar a la civilización inca.

Contaré una una variante de esta leyenda más adelante, cuando hable de Cuzco.

Foto 1: JAF

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