Tour virtual por la Capilla Sixtina


En el último tercio del siglo XV la Capilla Magna de Roma, un aula fortificada de tiempos medievales donde se reunía la corte papal, estaba en estado ruinoso, por lo que el papa Sixto IV ordenó al arquitecto Baccio Pontelli la construcción de un edificio que la sustituyera. Pontelli se puso manos a la obra en 1475 y, conservando parte de la estructura originales, aplicó al nuevo aula las medidas del legendario Templo de Salomón de Jerusalén (del que, por cierto, hoy sólo queda el Muro de las Lamentaciones ). Terminó su trabajo en 1483 y se contrató a algunos de los mejores pintores de la época para decorar las paredes: Botticelli, Ghuirlandaio, Perugino, Rosselli, Signorelli, Pinturicchio y, más tarde, Rafael. El techo imitaba un cielo azul con estrellas, obra de Pier Matteo d'Amelia.

Miguel Ángel se dejó la piel pintando
En 1508 el nuevo pontífice, Julio II, sobrino de Sixto, contrató a Miguel Ángel sustituir los frescos de d'Amelia. El artista florentino, pese a sus reticencias iniciales -se consideraba más bien escultor y pensaba que Julio II era un megalómano-, terminó aceptando. Tardaría cuatro años en pintar la bóveda, tumbado boca arriba sobre un andamio. Dos décadas más tarde fue otro Papa, Clemente VII, el que le hizo un nuevo encargo: pintar la pared del fondo. Y así, entre 1536 y 1541 vio la luz el Juicio Final, terminado ya bajo el pontificado de Paulo III Farnesio. Muchos de los personajes que aparecen llevan el rostro de contemporáneos, entre ellos el propio Miguel Ángel (es la piel que sostiene San Bartolomé). En 1563 al pintor Danielle da Volterra le encargó el Concilio de Trento que cubriera con velos parte de los desnudos para que fueran más decorosos; por esta razón pasó a la posteridad con el sobrenombre de Il Braguettone, aunque después hubo otros.

Visité la Capilla Sixtina era el año 1987 y la sensación fue un poco decepcionante porque, aparte de que te obligaban a pasar a la velocidad del sonido para no crear atascos, buena parte del lugar estaba cubierto por andamios y telones: desde 1980 se llevaba a cabo un proceso de restauración de los frescos. Cuando terminó en 1994 el mundo descubrió unas pinturas totalmente diferentes, llenas de vivos colores hasta entonces ocultos por siglos de ennegrecimiento causado por el humo de las velas. Además sólo se conservaron las veladuras de Volterra, eliminándose las demás por orden de Juan Pablo II al considerar la Capilla Sixtina "santuario de la teología del cuerpo humano".


Antes y después
Aún no he tenido ocasión de verlo en persona pero, al igual que cualquiera con un ordenador y acceso a Internet, pude hacer un tour virtual en 360 grados por la capilla, moviéndose con el ratón y acercándose para ver detalles, gracias al trabajo de la Universidad Villanova (EEUU), cuyos técnicos se pasaron cinco noches fotografiando cada detalle del lugar para luego montar digitalmente las imágenes. Merece la pena echarle un vistazo. 

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